Autor
Miguel Escrivá
Sobre la tendencia de los rebotados a declarar la sede vacante
Los llamados redentoristas transalpinos —conocidos como Transalpine Redemptorists— son una comunidad de perfil tradicional que, tras un periodo inicial en la órbita de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, fue regularizada durante el pontificado de Benedicto XVI e incardinada en una diócesis de Nueva Zelanda. En ese momento aceptaron una interpretación del Concilio Vaticano II a la luz de la Tradición y compatible con su carisma. Su vida austera y su sensibilidad litúrgica estricta no les habían impedido mantenerse dentro de la estructura eclesial. Hasta ahora. Una intervención disciplinaria motivada por denuncias internas, que apuntan a prácticas extremas en la vida comunitaria, ha precipitado un giro abrupto también en el plano doctrinal.
Las víctimas de Santarsiero ignoradas: expuestas por el denunciado mientras la Iglesia no les confirma ni recibo de su denuncia
La Fundación Pablo VI señala a los padres de Noelia por la relación con su hija y a Abascal por culpar al Estado
La Fundación Pablo VI ha publicado un texto que, bajo apariencia de reflexión bioética, termina derivando en un posicionamiento difícil de sostener tanto en términos intelectuales como morales. El artículo, firmado por José Ramón Amor Pan, aborda el caso de Noelia Castillo —la joven de 25 años eutanasiada en un hospital propiedad de la Orden de los camilos— y lo presenta como un “fracaso colectivo”. Sin embargo, al descender del plano teórico al concreto, introduce afirmaciones que alteran el eje del análisis y desplazan la responsabilidad hacia unos padres que todavía lloran el cadaver de su hija eutanasiada.
Por qué publicamos las fotos de Prevost en el ritual de la Pachamama
Nos han reprochado algunos lectores haber dado difusión a las fotografías de Robert Prevost participando en un ritual de la Pachamama en Brasil en 1995. El reproche es comprensible. No viene de la hostilidad, sino muchas veces de buenos seglares, sacerdotes, obispos e incluso cardenales que sufren al ver estas cosas y que perciben que al publicarlas se añade inquietud donde ya hay suficiente. No descarto que puedan tener razón. Tampoco tengo una certeza absoluta sobre cuál es siempre la mejor forma de actuar en estos casos.