¿«Papa Francisco Beato»?
Un balance un año después de la muerte de J. M. Bergoglio
El debate sobre la santidad en la Iglesia contemporánea se ha convertido en una farsa ideológica. Canonizar al Papa Francisco, que hizo de la ambigüedad su estandarte, es un ultraje. La santidad no es simpatía o populismo, sino fidelidad absoluta al mandato de Cristo. Elevar a los altares la "amabilidad" vacía el Paraíso. Un Papa que avala el pecado no es santo; es un pastor que abdica su deber. La Iglesia necesita un Papa de Dios, no un "Papa de la gente". La santidad no es un premio democrático, sino una cima escarpada. Antes de invocar aureolas, temblemos ante la idea del Juicio.