En buena lógica, el papa León XIV, nacido Robert Francis Prevost, podría haberse llamado… Robert Francis Riggitano. Salvo que su abuelo Salvatore, nacido siciliano y muerto italiano, cometió un pequeño desliz conyugal con una tal Suzanne. Una mujer de El Havre. Fue el equipo del muy riguroso sitio Geneanet, líder europeo en genealogía, quien descubrió esta historia sículo-cauchesa digna de un cuento de Maupassant.
¡Ah, la buena y vieja genealogía! El estudio de los registros civiles, los documentos familiares y los viejos cartularios notariales sigue siendo, como verán, muy competitiva frente a las pruebas de ADN. Incluso cuando se trata de un prelado destacado. Muy destacado. El primero de ellos: el propio papa: León XIV. Es el equipo y los miembros del sitio francés Geneanet, líder de la genealogía en Europa en línea, quienes desde mayo de 2025 han «confesado» el origen del apellido francés de León XIV: Prevost, de nombres Robert Francis, transmitido por su padre estadounidense Louis Marius.
Pues hay un «fallo» en la historia familiar del Santo Padre: el abuelo paterno, nacido el 24 de junio de 1876 en Milazzo, Sicilia, se llamaba en efecto Salvatore Riggitano. Por tanto, en buena lógica, nuestro soberano pontífice debería llevar el mismo apellido italiano Riggitano. Patronímico que significa «proviene de Reggio de Calabria». Siendo Reggio la ciudad que se alza frente al estrecho de Mesina y la provincia homónima en Sicilia de la que es originario Salvatore.
Entonces, ¿de dónde proviene el apellido «Prevost»? Respuesta de Geneanet: de un adulterio del abuelo Salvatore: «La historia familiar del papa es particularmente novelesca, como atestiguan los periódicos de la época. Salvatore Riggitano ya estaba casado cuando conoció a la abuela del pontífice, Suzanne Fontaine, una joven francesa nacida en El Havre en 1894. El adulterio sale a la luz y es recogido por la prensa. Suzanne se ve entonces obligada a dar a luz lejos de su hogar, en un establecimiento católico para jóvenes solteras. De su relación nacen dos hijos».
La destreza del abuelo para ocultar la verdad
Bien, pero ¿por qué el apellido Prevost? Pues bien, la abuela de León XIV, Suzanne Fontaine, al declarar el nacimiento de su primer hijo, debe nombrar al padre sin revelar su verdadera identidad. Da lo que tiene a mano. El apellido de soltera de su madre: Jeanne Eugénie Prevost. Y he aquí al padre del papa, hijo de siciliano, cien por cien «afrancesado».
Lo divertido de este asunto es la habilidad del abuelo Salvatore para ocultar la verdad. Él, que era profesor de lenguas romances y «hablaba perfectamente italiano y francés», podía, en efecto, jugar, señala Geneanet, «en ambos bandos». El caso es que era italiano y lo siguió siendo hasta su muerte.
Así pues, el papa es «Prevost» por obra de su abuela Suzanne, el registro civil de su bisabuela y el juego de triles de Salvatore. El departamento de Sena Marítimo es, por cierto, después de la capital, el que sigue contando con más «Prévost».
Las raíces francesas del papa León XIV
Por parte de su abuela paterna, Suzanne Fontaine, el papa es normando de pura cepa. «El apellido —subraya Geneanet— es originario del Pays de Caux desde el siglo XVII, con algunas ramas que se extienden hasta el Indre, en torno a Gargilesse-Dampierre, Cuzion, Orsennes o Badecon-le-Pin, donde se suceden agricultores y viñateros».
Y por parte de su madre, Robert Francis Prevost también tiene raíces francesas, apunta Geneanet, en particular varias ramas «asentadas en Luisiana. Su abuelo Joseph Martinez, nacido en Nueva Orleans, desciende de varias familias de apellidos franceses. Entre ellas, Pierre Guesnon, nacido en Coutances, en la Mancha, y Marie Marguerite Coquelin, nacida en Saint-Servant, en Ille-et-Vilaine, en el siglo XVII. Otra rama conduce a Bearne, en torno a Monein y Pardies, antes de llegar a Guadalupe y luego a Luisiana. Más al sur, el árbol genealógico revela familias asentadas durante varios siglos en los alrededores de Marsella, Salon, Lançon y Allauch, pero también en el Var, en Mónaco y en Menton».
Un pontífice cuya autoridad e independencia de espíritu se granjean hoy la estima de muchos
Decididamente, este papa muy reservado, nacido estadounidense en Chicago pero nacionalizado peruano, está dotado de una envergadura ampliamente cosmopolita, como por lo demás exige su ministerio universal. Lo cual quizás explique también su devoción por san Agustín, el inmenso teólogo del siglo V d. C., quien fue un gran juerguista en su juventud en Cartago y vivió durante catorce años con la madre de su hijo Adeodato sin llegar a casarse con ella, hasta que la despidió bajo la presión de su propia madre. Para volver a casarse con una patricia muy rica, también seleccionada por su mamá.
Lo cual no le impidió escribir algunas obras sobre el matrimonio, la fidelidad, el deseo y la concupiscencia que siguen siendo grandes clásicos de la Iglesia católica.
Ojalá la Iglesia, sus cardenales, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y todos los teólogos con los que cuenta la Curia revisen un poco sus dogmas sobre los vínculos sagrados del matrimonio. Sin el desliz del abuelo Salvatore, nos habríamos perdido un papa cuya autoridad e independencia de espíritu se granjean hoy la estima de muchos. Motivo de sobra para dar también materia de reflexión a los fanáticos identitarios del exclusivo derecho de sangre.
Queda por saber si el papa añadirá una pequeña escapada a El Havre durante su estancia en Francia para visitar las sepulturas de sus antepasados…