Desde hace más de una década, una cuestión acecha a la Iglesia católica: ¿seguía siendo papa Benedicto XVI en 2022? La respuesta a esta pregunta, de ser afirmativa, podría sacudir los mismos cimientos de la papacía moderna. Hasta ahora, este debate, denominado la « Magna Questio », se había mantenido confinado a algunos pequeños círculos hispánicos e italianos.
Un techo de cristal solidamente instalado, pues ha estado prohibido durante años evocar este problema, el Vaticano reinando el terror mediante amenazas, coacciones y penas que pueden llegar hasta la excomunión sin proceso, y los medios de comunicación de masas controlados por los Poderes actuando como perros guardianes.
Pero en el espacio de algunos días, dos podcasts rompieron este tabú, atrayendo a cientos de miles de espectadores y abriendo la puerta a una posible crisis institucional.
El primero, difundido el 13 de mayo en un canal hispánico de YouTube seguido por 434 000 suscriptores, dio voz a don Fernando Cornet, sacerdote argentino autor de « Habemus Antipapam », excomulgado por 'Francisco' por sus posiciones sobre la renuncia de Benedicto XVI. En cuanto al segundo, organizado el 14 de mayo por LifeSiteNews con el influencer católico estadounidense Patrick Coffin, relanzó el debate en la escena internacional, con una audiencia más amplia.
« Il fuoco della verità divampa ovunque » (« El fuego de la verdad se extiende por todas partes »), escribía recientemente el periodista italiano Andrea Cionci, el único que se ha atrevido a desafiar al Vaticano en su propio territorio presentando peticiones y demandas oficiales ante la justicia vaticana. Su lucha, durante mucho tiempo aislada, ¿comenzaría finalmente a dar sus frutos?
Una falla jurídica explosiva: 'munus' contra 'ministerium'
El corazón del debate se basa en un matiz latino con consecuencias teológicas y canónicas explosivas. Según el Canon 332 §2 del Código de Derecho Canónico, un papa solo puede renunciar válidamente a su cargo abandonando su munus – es decir, la carga pontificia misma – y no simplemente su ministerium, es decir, el ejercicio activo de su ministerio.
Ahora bien, en su Declaratio del 11 de febrero de 2013, Benedicto XVI utilizó claramente el término « ministerium » en lugar de « munus », indicando que solo renunciaba al ejercicio práctico de su rol, y no a la carga en sí misma.
« No es una simple cuestión de semántica, sino una falla jurídica importante », explica Patrick Coffin, comentarista católico invitado en el programa The John-Henry Westen Show. « Si Benedicto XVI no renunció al munus, entonces siguió siendo papa hasta su muerte en diciembre de 2022. Y en ese caso, el cónclave de 2013, que eligió a Francisco, sería ilegítimo. »
Esta interpretación, que abarca también la elección del sucesor de Jorge Mario Bergoglio, aunque aún es ultraminoritaria, no es trivial: abre la puerta a un cuestionamiento en cascada de todo lo que siguió – desde las enseñanzas del papa Francisco hasta sus nombramientos cardenalicios, pasando por todas las reformas de la Iglesia.
El "grupo de San Gall" y las sombras de 2013
El asunto toma una dimensión política con la evocación del « grupo de San Gall », una red informal de cardenales progresistas (incluyendo al cardenal Godfried Danneels) que, según rumores persistentes, habría trabajado para influir en los cónclaves de 2005 y 2013. Documentos filtrados en 2015, los « Vatileaks », ya habían revelado tensiones internas en torno a Benedicto XVI, acusado de frenar las reformas.
« Algunos ven una estrategia deliberada », analiza Coffin. « Benedicto XVI, papa conservador, fue empujado a la dimisión bajo la presión de maniobras políticas. Si es el caso, su renuncia podría considerarse no libre, por lo tanto inválida. »
Esta hipótesis, aunque controvertida, se basa en testimonios de personas cercanas al papa emérito, que describen una atmósfera de presión extrema en el Vaticano en los meses anteriores a su renuncia. Los « escándalos Vatileaks », que revelaron filtraciones masivas de documentos confidenciales, también habrían jugado un papel clave en esta dinámica.
¿Sedes vacantismo 2.0? Las implicaciones de un escenario inédito
Si la renuncia de Benedicto XVI se juzga inválida, la Iglesia se encontraría en una situación sin precedentes desde el Gran Cisma de Occidente (1378-1417): una sede papal vacante de facto, a pesar de la presencia de un soberano pontífice aparentemente en ejercicio.
Francisco y León no siendo papas legítimos, todos sus actos, todas sus decisiones, todos sus textos magisteriales (como Amoris Laetitia o Fiducia Supplicans) estarían desprovistos de autoridad canónica. Y especialmente, siendo la carga papal vacante, la Iglesia estaría en crisis aguda hasta la elección de un nuevo papa por los cardenales legítimos.
Además, según don Cornet, « esto no concierne solo a Bergoglio, sino también a la validez de los sacramentos administrados por sacerdotes cuya ordenación podría ser inválida. »
« Nos encontramos en un estado de confusión canónica y teológica sin equivalente moderno », admite Patrick Coffin. « Nadie sabe realmente cómo resolver esta ecuación. »
¿Y ahora? ¿Entrará realmente en juego la maquinaria judicial vaticana?
La demanda presentada por Andrea Cionci, aceptada por la Corte Penal del Vaticano, está ahora en fase de examen. Los plazos podrían ser largos, y el veredicto incierto.
« El Vaticano no tiene ningún interés en reabirir este expediente », subraya Coffin. « Pero si la justicia da la razón a los demandantes, podría desencadenar una crisis institucional importante. »
Por ahora, el papa León continúa su pontificado como si nada sucediera y sin comentar el asunto. Pero entre bastidores del Vaticano, las especulaciones están en boga. Una cosa es segura: se está escribiendo una nueva página de la azarosa historia de la Iglesia … y este asunto está lejos de haber terminado.