En el episodio anterior sobre la Síndrome del Grande Prelado, tras constatar las precarias condiciones emocionales de don Alessandro Minutella, le había propuesto —gratis— el análisis psicoanalítico realizado por el famoso Sigmund Freud. En la emisión del 31 de julio, sin embargo, el León de María rechazaba el implacable diagnóstico, declarándose en óptimas condiciones mentales y relegándome a la abarrotada categoría, creada por él mismo, de los «enemigos endemoniados», definidos últimamente también como «enemigos amaestrados».

También el director minutelliano de Adoración y Liberación, Vicente Montesinos, intentaba defenderse de Freud, pero su reacción parecía bastante torpe y sus argumentos, inciertos. Tras pocas horas, el director hacía desaparecer el breve vídeo de tono resignado y lo sustituía por otro, más airado, de más de una hora de duración, manteniendo el mismo título. Montesinos se asombraba de la temeridad de Marco Tosatti por haber publicado un artículo de tal índole, acusaba a Freud de ofender a los enfermos psíquicos, que merecen respeto, además me consideraba culpable de manifiesta «deshonestidad» y pasible de una acción legal. Por tanto —según el director— al describir “El caso Dora”, Freud habría faltado al respeto a la paciente.

El razonamiento de Montesinos es de una lógica magistral: sería como acusar a un buen mecánico de tener poco respeto por los automóviles, porque levanta el capó para verificar las averías del motor; no solo eso, sino que a veces, el mismo mecánico, toma un pobre auto indefenso, lo coloca sobre el elevador, lo examina por debajo, y… —¡horror!— ¡le mete las manos! Efectivamente, ya se han registrado casos de mecánicos acusados de «abusos sobre vehículos menores» (se entiende los pocos años de matriculación).

En la misma emisión, donde también era amenazado, por enésima vez Minutella retomaba una página de Últimas conversaciones, en la que Peter Seewald pregunta a Benedicto XVI:

«¿Conoce la profecía de Malachías, que en la Edad Media compiló una lista de futuros pontífices previendo también el fin del mundo, o al menos el fin de la Iglesia? Según tal lista, el papado terminaría con su pontificado. Y ¿qué pasaría si usted fuera efectivamente el último en representar la figura del papa como lo hemos conocido hasta ahora?». Benedicto responde: Todo puede ser.

En el libro sobre Bergoglio, publicado inmediatamente después de su muerte (Un masón en la Cátedra de Pedro, pp. 447-449), ya había explicado el significado de esta histórica expresión de Ratzinger, pero he aquí que era radicalmente desmentido por el León de María, quien afirmaba que ese Todo puede ser significa: Dios me ha revelado que está don Minutella y el pequeño resto… Que don Minutella… pueda ser la continuación, lo subraya mi mismo predecesor.

Concedámonos un momento de reflexión y procuremos aclarar: Benedicto XVI, sin conocer a Minutella, profetizó sobre su investidura divina y la anunció al mundo en 2016. Si las cenizas de Sigmund Freud no estuvieran conservadas en el crematorio de Golders Green, se habría revolcado en su tumba. Inmediatamente después, Minutella se quejaba del Pequeño Resto, pues esos ataques de Satanás (aún los tenía con el pobre Freud), se debían al retraso en reconocerlo como sucesor del último Papa elegido por un cónclave regular. Tras recibir las llamadas de los pequeñosrestantes que le animaban, el León de María concluía la emisión con estas palabras: Os bendigo como Sucesor.

En la homilía del 2 de agosto, el León seguía reprochando a los sacerdotes del sodalicio su titubeo en reconocerlo como detentor de la potestas ordinis: «El Señor está mirando hacia nosotros… no quisiera que el Señor pasara de largo si viera que tenemos miedo; y ciertamente, sé que debo hacerlo todo yo, pero por culpa de quien tiene miedo se convierte en un parto por cesárea, con el riesgo de aborto natural. Os deseo que, por vuestro miedo, el parto no se convierta en aborto espontáneo… He sido dejado solo, estoy en una soledad extrema, y hasta el cielo, por ahora, calla… y que el cielo os haga entender que ha llegado el momento del giro decisivo… hace falta coraje, el que, por desgracia, aún no ha llegado».

La tarde del mismo día, los tonos se atenuaban, y justificaba los retrasos de los sacerdotes del sodalicio: «quiere decir que no es el momento, quiere decir que no se sienten capaces, quiere decir que… hacer las cosas con calma…». Según una técnica ya consolidada, cambiando de actitud de forma repentina, el León rugía y decía: «es la gente la que pide, es la gente la que exige… esto es una presión del Padre Eterno, esperemos que se entienda, esperemos… si se va más allá, se acabó, ¿es la voz de Dios o no?, y no se puede ir más allá. Los hermanos aún no lo han entendido, no me siento comprendido».

Minutella no podía más, y quería a toda costa ser proclamado Sucesor, aunque poseedor de un munus «hecho en casa». La acentuada alteración emocional de don Alessandro no solo provocaba risas, sino también compasión, pues ya sus declaraciones estaban totalmente fuera de control.

No sabemos si era debido a locuciones, visiones o arrebatos místicos, lo cierto es que entre los diversos anuncios publicitarios creados para ser elegido sucesor de Benedicto XVI, don Alessandro hacía entrar en escena nada menos que la voz de Dios: «Dice el Señor: “Lo demuestro por todas partes. Ningún hombre podría aguantar diez años como ese. Si aguanta así, lleno de entusiasmo, de alegría, de fuerza y de vitalidad, es porque Yo estoy con él… Soy Yo quien da la señal de que él es el elegido”». En la misma emisión del 3 de agosto, no solo a causa del diagnóstico de Freud, sino también por otro artículo anterior, Minutella definía a Marco Tosatti como «persona indigna de ejercer el periodismo».

El «padre de la alegría», como lo llaman sus fans, tras pasar tres noches agitadas a causa del psicoanálisis freudiano, el 5 de agosto arremetía de nuevo contra Antonio Romano: «Es el más ruin de todos, es un deshonesto y cobarde que no hay… este cobarde ruin». Muy interesante es el análisis de la hermana psicóloga consultada por el sucesor de Benedicto XVI, quien cita mal el título del artículo, afirma que no ha sido publicado en un sitio de la comunidad científica, sino en un blog que se autodefine católico, y esto no es correcto; asegura que en los manuales de psicología no existe la «síndrome del Gran Prelado», es simplemente una invención del autor del artículo; menciona un vídeo que no existe y atribuye a Romano la expresión «cóctel explosivo», mientras que en realidad es del ex Gran Prelado; asegura además que su protegido nunca ha consumido sustancias dopantes, y por ello Romano es un mentiroso que debe ser denunciado ante las autoridades competentes.

Puedo justificar el entusiasmo y la devoción de la joven hermana por el Sucesor, sin embargo queda la pregunta: ¿ha leído el artículo? Aparte de la confusión, es digno de atención científica —de ser reportado al Colegio de Psicólogos— cuando la hermana afirma que Freud se refiere a Homo Sapiens pertenecientes a un pasado remoto, cuando la sociedad era aún «patriarcal» y —en sus palabras— «existían aún los carruajes», por lo que estamos hablando de mamíferos pertenecientes a una especie homínida no ya clasificable con los criterios psicoanalíticos actuales. Deberíamos deducir que Jesús era un primitivo, cuyas valoraciones antropológicas son inadecuadas para el hombre moderno; y ¿qué decir de Noé, que ni siquiera iba en carruaje, porque solo tenía el arca? Para no quedarse fosilizada en la época de los carruajes, recomendaría a la hermana leer “El seminario, Libro I, Los escritos técnicos de Freud”, de Jacques Lacan, y “Psicoanálisis del Evangelio”, de Françoise Dolto. Inmediatamente después de la despiadada crítica de la psicóloga al desavisado Antonio Romano, Minutella lo amenazaba de nuevo de diversas formas, prometiendo denunciarlo ante el Colegio de Psicólogos y querellarse contra Marco Tosatti (culpable de haber retomado el artículo de QuotidianoWeb).

Dado que Romano no está en absoluto en pie de guerra contra don Alessandro, al día siguiente, demostrando no haber leído nada de este autor y, por tanto, hablar sin fundamento, Minutella seguía insultándolo y lo acusaba de ser uno más de los una cum al servicio del sistema. En previsión del solemne reconocimiento, cuya fecha —a mi juicio— ya ha sido programada, Nuestro sigue con el consabido estribillo: «ha consagrado obispos Pablo… no se descarta que Pablo haya podido recibir la consagración, pero al mismo tiempo no está escrito… Pablo dice que fue a ver a Pedro y le estrechó la mano, no dice que le puso la mano sobre la cabeza».

A Minutella no le gusta que lo llamen Papa, porque sí, es cierto que es el legítimo sucesor de Benedicto XVI, pero de otra manera, tal como había dicho Ratzinger a Seewald, y es inútil plantear preguntas impertinentes al «dos veces teólogo», es así y ¡BASTA!

La profecía de Ratzinger, Todo puede ser, se está cumpliendo: los seminarios se llenarán de jóvenes más fervorosos que los de padre Pagliarani de la FSSPX, el clero aclamará al Sucesor, y el domingo, en un éxtasis de fe, el pueblo cristiano se congregará bajo el balcón de Carini para el rezo del Ángelus. Deseamos al Sucesor un pontificado fecundo y rico en locuciones.

En trepidante espera de la solemne proclamación, una última consideración importante.

En sus estudios sobre la histeria, Sigmund Freud se inspiró en el famoso médico Jean-Martin Charcot, creador del término «neurología» y director del hospital psiquiátrico la Salpêtrière de París. He aquí una buena noticia que podría ser útil a varias personas: aunque el doctor Charcot ya hace tiempo que murió, el departamento psiquiátrico de la Salpêtrière sigue abierto y plenamente operativo.

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Antonio Romano