La infiltración de los jesuitas
Hace cien años, la mayoría de los jesuitas eran ortodoxos. Pero algunos comenzaron a torcer la antigua fe.
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Hace cien años, la mayoría de los jesuitas eran ortodoxos. Pero algunos comenzaron a torcer la antigua fe.
Queridos amigos y enemigos de Stilum Curiae, Benedetta De Vito, a quien agradecemos de corazón, les ofrece para su atención este desahogo; no de desesperación —ése nunca—, sino de desaliento y tristeza, sí, el pan amargo cotidiano de quien mantiene los ojos abiertos al mundo y a cuanto hay tras él. ¡Ánimo, querida Benedetta, sabes que no estás sola! No es nuestra batalla, es la Suya. Buena lectura y meditación. Marco Tosatti
Los que me conocen saben bien de lo que voy a hablar, porque es un tema recurrente, tanto en este blog como en el canal de La Sacristía de La Vendée. Sí, se trata de la extraña alianza entre el portal estrella del progresismo eclesial más rancio y algunas de las más respetables instituciones eclesiales españolas.
Una voz fuerte, pensante y capaz de hacer pensar
Obispo Marian Eleganti: «Creo que los papas recientes han perdido autoridad y capital espiritual. Sus personalidades ocupan el primer plano».
Nota de la redacción: Lo siguiente es un comentario de invitado del Obispo Marian Eleganti, antiguo obispo auxiliar de la Diócesis de Chur y antiguo Abad de la Abadía de San Otmarsberg. Ha sido publicado en «Per Mariam» a solicitud directa del Obispo Eleganti.
Un nuevo y brillante capítulo de la saga del Gran Prelado, siempre a cargo del inefable Antonio Romano.
Bienvenido a la estantería de LECTURA y LIDERAZGO en la Resistencia/Contra-Sinodal, donde la Verdad destruye el Mito y el Engaño de la Sinodalidad, el Diálogo Interreligioso, la EcoTeología. Mantente un paso por delante de la Propaganda Modernista.
Hay un pasaje del libro Gamma de la Metafísica que uno relee siempre con una sonrisa poco caritativa. Aristóteles, harto de quienes negaban el principio de no contradicción, dictamina que con ellos no cabe discutir: el que sostiene que algo puede ser y no ser a la vez y en el mismo sentido se asemeja, dice, a una planta. No a un necio, ni siquiera a un sofista: a un vegetal. A uno le gusta pensar que veinte siglos de teología se tomaron en serio el aviso. Dios no se contradice, la verdad no se contradice, y una Iglesia asistida por el Espíritu no puede enseñar el lunes lo contrario de lo que enseñó, solemne y universalmente, hasta el domingo por la tarde. Todo esto, claro, era antes del 2 de agosto de 2018.
Esto nos ayuda a comprender que el Papa Juan Pablo II, a quien algunos retratarían como un revolucionario, favoreció la Misa en latín tal como nos la legó la Tradición Católica, y que hizo todo lo posible por liberalizarla frente a una enorme oposición. También nos ayuda a comprender que Wojtyla y Ratzinger, los dos últimos Papas verdaderos, no tienen nada en común, litúrgicamente hablando, con los masones y sus representantes, Bergoglio y Prevost. La verdadera ruptura no fue el Concilio Vaticano II, sino, tras las revoluciones impuestas por los gnósticos, la elección del antipapa «Francisco». A.S.