Esta última semana, la publicación alemana «progresista» [[IMG_1]] entrevistó a uno de los mayores enemigos del catolicismo: el supuesto «cardenal» Blase Cupich.
Aunque la reunión no fue en rigor una entrevista —más bien una sesión de alabanzas serviles, amén del que, astutamente, se presenta como zorro sinodal enemigo del Catolicismo y modelo de León XIV—, no defraudó en lo absoluto al reafirmar una vez más ante el mundo que la religión de la cual forma parte ese prelado no tiene ni sombra de relación con la Santa Iglesia de Cristo.
Entrevista que, casualmente, se celebró mientras el propio Cupich tomaba parte en el evento ecuménico e interreligioso «Encuentros Teológicos del Mediterráneo» que tuvo lugar en Croacia.
Antes de abordar algunas de las «perlas» que Cupich regaló al mundo en esa conversación, convendrá echar una mirada retrospectiva a ciertos hitos recientes del tenebroso mundo de la Iglesia sinodal, con el objeto de situar los antecedentes que precisamos.
Así, LifeSiteNews anunció que «La Santa Sede comunicó este miércoles la próxima ordenación episcopal de Mons. Francisco Javier Duan Yongkun como obispo coadjutor de Bameng, en la Región Autónoma de Mongolia Interior. Según el Vaticano, León XIV ratificó su candidatura el pasado 15 de junio». Por supuesto, la aserción de «el papa» en cuanto a que él «aprobó» la segunda ordenación de este prelado en la Iglesia Comunista china no es, en palabras del obispo Donald Sanborn, sino paparruchas y pamplinas. A los comunistas chinos no les importa un ardite lo que el «Preboste» apruebe o no: de tratarse de católicos auténticos, ya se habrían visto arrojados de su regazo hacía tiempo. Pero, afortunadamente, los obispos comunistas no representan amenaza alguna al proyecto sinodal.
A todo esto, hubo también un arzobispo de Santa Fe, Charles Wester, que salió al paso para defender el derecho de los musulmanes a disponer de mezquitas donde practicar su falsa religión. Al fin y al cabo, eso es justamente lo que mejor define a la religión sinodal: falsa religión.
Y, por cierto, al hilo de falsas religiones y del designio del la Iglesia sinodal de alumbrar una única religión mundial, InfoVaticana tuvo a bien informarnos de que «El Dicasterio para el Diálogo Interreligioso llevará a cabo los días 4 y 5 de agosto, en la Universidad Sogang de Seúl (Corea del Sur), el coloquio ‘Diálogo sobre la contribución del cristianismo y el confucianismo a una sociedad ideal: Nuevo Cielo, Nueva Tierra y Gran Unidad’, encuentro organizado en colaboración con la Conferencia Episcopal de Corea». Supongo que, en vistas de la entente entre ellos y el Partido Comunista chino, el coqueteo con el confucianismo cobra pleno sentido.
También el arzobispo de Berlín, Heiner Koch, se refirió a los disturbios acaecidos durante la marcha del Orgullo LGBTQ, afirmando que «Terrible es que alguien pueda destruir con tanta brutalidad una celebración tan dichosa y conmovedora». RadFidelidad coincide sin ambages en que se trató de un acto cobarde y abominable; pero, con todo, conviene recordar que una celebración que ridiculiza a Dios y exalta el pecado «que clama al cielo» difícilmente merece el calificativo de «dichosa y conmovedora».
Hechas, pues, estas impresiones sobre la naturaleza de la Bestia sinodal, volvamos al encuentro con uno de sus «altos cargos», el propio Cupich.
Para evitarles el tedio —que lo hay—, no reproduciré íntegro el intercambio; pueden leerlo [[IMG_2]] aquí. Baste reseñar los más señalados: Cupich vuelve a vapulear la doctrina de la guerra justa, impulsa una mayor participación de los laicos en la elección de nuevos obispos, aboga por otorgar mayor poder de decisión a las conferencias episcopales en Roma, y aduce que el cristianismo no es un «club excluyente». Esta última afirmación, claro está, delinea cómo, para hombres como Cupich, la «iglesia» es un magma informe donde todos son bienvenidos sin necesidad de conversión alguna, y donde Cristo es un «dios» más entre muchos a ser adorado. Todos, claro está, excepto los católicos auténticos.
Lo que sí querría subrayar es cuan elocuentes resultan las palabras finales que Cupich dedicó al tema. Ante una pregunta del entrevistador, revintió a desvelar los propósitos de la Abominación sinodal. Spoiler: nada tienen que ver con Jesucristo, con el Catolicismo ni con la salvación de las almas.
Entre las últimas preguntas que el interlocutor dirigió a Cupich se contaban las siguientes: «Si tuviera que nombrar las tres máximas prioridades de la Iglesia para la próxima década, ¿cuáles serían y por qué?».
Un prelado católico auténtico habría aprovechado para hablar de la necesidad de conversión al único y verdadero Catolicismo, tal vez sugerir una estrategia para detener el declive moral anticristo, o emplear la ocasión para exaltar la devoción mariana. Pero no fue caso de Cupich. Este respondió así:
«Creo que, ante todo, debe persistir la ruta del renovamiento que el Concilio Vaticano II nos pidió seguir. Es sumamente importante. Además, la Iglesia ha de ser una voz —algo que ya hemos visto en pontificados anteriores— a la hora de proteger el medio ambiente. Nos hallamos ante una crisis. Son días en los que constatamos los avances del calentamiento global, la subida del nivel del mar y las tormentas. Por eso, mediante Laudato si’, la Iglesia ha de convertirse en una voz profética acerca del futuro en torno al cuidado de la creación».
Y añadió a modo de tercera prioridad:
«Y, en tercer lugar, pienso en algo que el Papa León ha recalcado con gran énfasis: la paz mundial».
Así las cosas, mientras arde la Gran Apostasía, Cupich —quien, a buen seguro, conoce a fondo el «beisbol interno»— considera que una Iglesia herética sinodal, junto al ecopaganismo y la falsa paz del anticristo, deberían ser los prioritarios del proyecto eclesial.
Por si acaso nos quedara alguna duda, insistió en el tema al responder la pregunta conclusiva:
No estaba claro, ¿no? Pero ahondó en el asunto al darle la réplica a la pregunta final.
Así, justo al final del ejercicio periodístico, el entrevistador de corte liberal espetó a Cupich: «La crisis climática, la guerra y la paz son asuntos mucho más urgentes que nuestros debates internos eclesiales. Éstos últimos son importantes, pero discutir acerca de la liturgia, lo que denominan ‘la Misa antigua’ y otras cosas así, probablemente sean temas secundarios frente a una crisis mundial de esta magnitud».
A lo cual Cupich asintió con firmeza:
«Sí, así es. Pero añadiría que las fuerzas dentro de la Iglesia que intentan desgarrar su unidad tendrán un impacto en la voz de la Iglesia frente a estos otros asuntos mencionados. La Iglesia no es un club exclusivo. Si la gente nos dijera: «¿Por qué habríamos de hacer caso a ustedes, si tan acentuada es la discordia y la división dentro de sus propias filas?», hemos de tener esto presente. No podemos permitir que esas disputas internas se tornen tan públicas y tan vehementes que debiliten el peso de nuestra voz en otros temas».
Preste atención, fiel católico. Cupich nos viene a decir que los «debates internos», como la liturgia (el culto al Dios todopoderoso), la doctrina y el dogma, son temas secundarios respecto a lo que la Iglesia sinodal tiene realmente en mente: un nuevo Vaticano II (una religión falsa), abordar la crisis climática (léase: comunismo verde) y la paz mundial (desvinculada del Príncipe de la Paz).
Más aún: usted, amado católico, que conoce que las realidades eternas importan infinitamente más que los asuntos temporales y que anhela que la Iglesia Católica cumpla con su mandato de salvar almas, es considerado por ellos como una «fuerza» que «desgarra la unidad» de la Iglesia sinodal.
Gracias, «cardenal» Cupich, por recordarnos por qué no deseamos, ni podemos, formar parte de su Iglesia falsa».