Carta / Bien Mutsaerts, pero el tiempo de las súplicas al papa ha terminado

Querido Valli,

he leído la misiva [aquí] del obispo Mutsaerts al papa. Todo es justo, todo es verdadero, todo es sagrado. Y todo inútil, todo tiempo perdido. Las reacciones del destinatario (y las de sus secuaces) solo podrán ser las de siempre. Es decir: indiferencia; fastidio; incomprensión total (del estilo: «¿de qué escribe este? ¿a qué religión pertenece?»); ira descontrolada; inmediatas medidas drásticas del Tucho Fernández, que, interrumpiendo la redacción de su nueva pornografía-libro, emitirá otra fatwa excomulgatoria.

Observo en la carta un exceso de reverencia, una sumisión inútil, unos patéticos y ya absurdos llamamientos a la obediencia, la unidad y la comunión fraterna. Totalmente equivocado el tono suplicante empleado en ocasiones, como si se pretendiera mendigar cosas obvias (o al menos aquellas que podían considerarse tales en la Iglesia católica de hace unas décadas).

Estoy seguro de que si alguien en el Vaticano ha querido imprimir la carta, lo ha hecho solo para convertirla en una pelota destinada a la papelera.

Si realmente quisiera alcanzar un objetivo concreto, monseñor Mutsaerts debería reunir en torno a sí, en Holanda, a todos aquellos dispuestos a compartir sus ideas y a llevarlas adelante combatiendo a los apóstatas que han ocupado la Iglesia de Nuestro Señor. Hay que luchar atacando activamente, sin compromisos, sin hipocresías, tratando al enemigo como se merece. Necesitamos, en este tercer milenio, epígonos de santa Rosa de Viterbo, Juana de Arco, Bernardo de Claraval, Jacques de Molay. Necesitamos desesperadamente guías espirituales, sí, pero que también sepan afrontar esta tempestad con la fuerza, las energías y los objetivos adecuados a la tarea. Solo así podremos, no ya detener, sino reducir la diáspora católica que ya está en marcha.

El tiempo de las súplicas al papa hace ya mucho que terminó.

Carta firmada

Carta / Una formación en testudo para la buena batalla

de Catholicus

Querido Valli,

si me lo permite, quisiera unirme al debate que en estos días está apasionando a los lectores del blog.

Se refiere a las súplicas dirigidas con carta abierta al papa reinante, para que restaure la Santa Iglesia Romana o, al menos, mitigue sus caracteres cada vez más abiertamente heréticos y anticristianos.

Tales intentos, aunque conmovedores (cf. la carta del obispo Mutsaerts), revelan una ingenua esperanza, si no incluso la ilusión, de que esto pueda cambiar el escenario de deriva anticatólica que galopa en la Iglesia Militante (precisamente en el clero, ya sea diocesano o regular) primero con Bergoglio y ahora con Prevost.

Personalmente, comparto la opinión del autor de la carta publicada aquí. También yo creo que el tiempo de las súplicas, de las peticiones, ha terminado definitivamente. Deberían tomar nota y asumirlo quienes, como los buenos Schneider, Strickland y cuantos se preocupan por el destino y el futuro de la Iglesia católica. Si la dejamos en manos de estos traidores y apóstatas, probablemente será barrida por la aplicación de la diabólica Agenda 2030, de naturaleza puramente luciferina, mentirosa y engañosa como el diablo en persona (y sus actuales colaboradores terrenos, civiles y eclesiásticos).

Sería por tanto deseable que estos prelados aún católicos (al menos en foro interno) se unieran para combatir la buena batalla, en una especie de formación en testudo como las legiones del Imperio romano en la lucha contra los invasores bárbaros. «A nosotros la batalla, a Dios la victoria» era el lema de santa Juana de Arco.

 

Fuente: https://www.aldomariavalli.it/2026/08/21/lettera-una-formazione-a-testuggine-per-la-buona-battaglia/