El 22 de octubre se publicó el documento del Dicasterio de la Doctrina de la Fe (DDF) Venite ad me y, aunque los temas son los clásicos y aburridos sinodales, este texto no está hecho un lío como los últimos firmados por Víctor Manuel Fernández, porque mantiene cierta coherencia interna y presupone la intervención de una mano más atenta.

Venite ad me, está centrado en la urgencia de la evangelización tan deseada por «Papa Francisco»: «Ante la situación descrita, parece del todo natural que para los creyentes se trate de reemprender una gran etapa de anuncio del Evangelio, dando finalmente seguimiento a lo que pedía Papa Francisco en Evangelii gaudium acerca de la urgencia de toda la Iglesia de dar vida a una nueva etapa evangelizadora» (72).

¿Estamos seguros de que el deseo de Bergoglio era promover la evangelización?

Quejándose de los catequistas que se sienten «evangelizadores», esto decía el Argentino en Santa Marta en 2016: «Yo voy a evangelizar, yo he llevado a la iglesia a tantos… hacer proselitismo es un orgullo, evangelizar no es hacer proselitismo. Dar un paseo; reducir el Evangelio a una función; hacer proselitismo… todos conocemos gente alejada de la Iglesia, ¿qué debemos decirles?… lo último que debes hacer es decir algo!». En Tiflis dijo: «Hay un gran pecado contra el ecumenismo: el proselitismo. ¡Nunca se debe hacer proselitismo con los ortodoxos!». Tomando como pretexto una expresión de Benedicto XVI, Bergoglio aborrecía el proselitismo, olvidando que se practicaba en la Iglesia primitiva (Hch 6,5; 13,43). Anuncio del kerigma y proselitismo están estrechamente ligados (Hch 2,37-41).

La intención de Francisco ha sido sofocar de todos modos el anuncio del Evangelio, cerrando florecientes seminarios ricos en vocaciones y removiendo obispos válidos como Joseph Leonard, Mario Olivieri, Héctor Aguer, Giovanni D’Ercole, Joseph Strickland y otros.

En el Vaticano ya creen que nos hemos vuelto todos imbéciles, y buscan convencernos de que León XIV no podía ir a Asís en helicóptero, ni en tren, ni en auto, porque era demasiado arriesgado para una persona operada hace pocos días de adenocarcinoma pulmonar, mientras que, en cambio, puede emprender un viaje de más de 31 mil kilómetros en avión y llegar incluso a Cusco, que se encuentra a 3.400 metros de altura, ¡una verdadera bendición para un septuagenario recién operado de los pulmones!

El documento del DDF está impregnado de sentimentalismo sinodal: para el creyente lo importante es dejarse «iluminar» por el «amor» y seguir las emociones del «corazón» atraído irresistiblemente por el kerigma.

La palabra corazón se repite 57 veces y solo cito algunos fragmentos:

«Como recuerda Papa Francisco al inicio de Evangelii gaudium: «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de quienes se encuentran con Jesús» (24); «Descubrir que la Iglesia puede ofrecer una ayuda espiritual concreta ante estas preocupaciones, dispone el corazón a recibir el anuncio kerygmático con renovado vigor» (69); «el inicio de un camino de conocimiento y de amor de Cristo, hecho posible por la acogida del anuncio por parte de quien lo recibe con corazón libre y sincero» (76); «Debe ser un anuncio “performante”, capaz de tocar realmente el corazón de quienes lo reciben y de impulsar sus pasos hacia el corazón del Señor Jesús» (77); «Por eso, el lenguaje de la fe no debe limitarse a una fría exposición de conceptos; debe poseer, ciertamente, esa claridad que facilita la comprensión, pero sobre todo debe caracterizarse como un llamado del corazón» (80).

Susanna Tamaro habría sugerido para el documento un título que le era querido: Ve donde te lleve el corazón.

La palabra amor se repite 47 veces:

«Aquellos, pues, que se abren a la luz de la revelación del amor de Dios reciben de Jesús una palabra de perdón, una palabra de liberación, una palabra de amor, una palabra de libertad, una palabra de vida, una palabra de esperanza (cf. Lc 4,18-19). Jesús suscita en todos aquellos que se le acercan y se abren a Él con corazón sincero un movimiento de renovado interés y amor» (13); «la luz y la potencia de ese amor están siempre a disposición de cualquiera en todo tiempo y en todo lugar» (11); «por último, el inicio de un camino de conocimiento y de amor de Cristo, hecho posible por la acogida del anuncio por parte de quien lo recibe con corazón libre y sincero» (76). Es superfluo añadir que se citan todos los eslóganes bergoglianos.

El término luz tiene, sin embargo, el primer lugar, ya que en el documento se encuentra 88 veces.

«La luz y la potencia de ese amor están siempre a disposición de cualquiera en todo tiempo y en todo lugar. Quien acoge esta revelación abandona para siempre el reino de las tinieblas, abriéndose finalmente a la luz de la vida y a una vida de luz» (11); «Él quiere dirigir continuamente el corazón y la mente de todos hacia la luz verdadera del amor del Padre» (12); «Este es, por tanto, el corazón de la experiencia cristiana: el encuentro con el Señor Jesús, que nos pone en contacto con la luz verdadera del amor divino» (25); «La experiencia de la fe puede imaginarse así como el encuentro vital y decisivo con ese “sol verdadero” que es Cristo, el cual libera de las tinieblas y llena de luz la existencia humana. Es una experiencia de luz» (26); «Pues la fe es escucha y visión, se transmite también como palabra y como luz» (27).

Recuerdo que la muñeca mascota del Jubileo se llama Luz, y es obra de un dibujante que apoya los gay pride y dirige una línea de sex toys. Luz lleva en la mano un bastón, cuya forma no tiene nada que ver con un peregrinaje jubilar, y puede significar tanto un objeto erótico que encontramos en los sexy shop como el bastón del dios Anubis, similar al usado por Bergoglio. El 6 de enero de 2025 el Antipapa dijo: “Somos capaces de dar esperanza a los demás con la luz de nuestra fe”. El objeto tiene significados esotérico-satanistas, porque la luz que lleva Bergoglio —no me cansaré de repetirlo— es la de Lucifer.

Es cierto que Fernández parece especificar: «Esta luz verdadera tiene el nombre de Jesús, el Cristo» (9), sin embargo, hay el fundado sospecha de que repetir la misma palabra de manera compulsiva y obsesiva no tenga otro fin que evocar y actualizar el pensamiento bergogliano.

¿Cuál es el propósito de estas cursilerías sinodales en un documento donde se recuerdan decenas de veces las sagradas palabras de Papa Francisco? Se explica en el texto mismo.

El anuncio evangélico no ha sido encarnado en la vida de las personas (52; 66), «A esto se añade la necesidad de repensar el mismo modo de anunciar el Evangelio, privilegiando formas narrativas respecto a la simple transmisión de conceptos abstractos» (66); «la transmisión de la fe no quede confinada en lenguajes que puedan ser etiquetados como “escolásticos”, “dogmáticos” o “moralistas”» (80); «La centralidad del kerygma exige […] que no imponga la verdad y que haga apelación a la libertad, que posea alguna nota de alegría, estímulo, vitalidad, y una armoniosa completud que no reduzca la predicación a pocas doctrinas a veces más filosóficas que evangélicas» (83).

Finalmente una buena noticia: después del fracaso de los misioneros que durante dos mil años han anunciado el Evangelio con “conceptos abstractos”, “pocas doctrinas” y sin “alegría, estímulo, vitalidad”, ahora tendrán un punto de referencia seguro, el Defensor Fidei card. Víctor Manuel Fernández.

¿Y el magisterio de la Iglesia, qué ha sido de él?

El Magisterio se cita solo para ser ignorado y contradicho. Aquellas que Fernández llama “Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época” invitan a desconfiar de la doctrina católica y a no dispersarse en sus «tantos ámbitos» (84); «Por esta razón, la fe no se transmite ante todo como un conjunto de contenidos doctrinales o de informaciones religiosas, sino como una forma de vida eclesial en la cual el creyente es introducido progresivamente» (29).

Atención al engaño: la “vida eclesial” nombrada por Fernández es la sinodal y engañosa promovida por la falsa iglesia de Roma. El Tucho besame mucho invita a liberarse de los inútiles fardos doctrinales que hasta ahora han oprimido la libertad de las personas; lo importante es seguir la propia voz interior y las propias sensaciones emocionales. Se propone una fe hechas a medida, una experiencia subjetiva del corazón que suscita emociones e inspira un amor libre de toda Ley.

El DDF anuncia un kerigma vaciado de conversión y de los Novísimos, en perfecta sintonía con una foto —ahora famosa— que retrata a un trans junto a Fernández vestido con los paramentos sacerdotales y una estola que lleva la inscripción: «La vida como viene».

El documento ha sido prácticamente ignorado por los obispos, como efectivamente merecía. Verificado el enésimo fracaso de la gestión Fernández, el periodista de  Religión Confidencial  pregunta al prefecto del DDF: “¿Esperaba que el documento sobre la Transmisión de la Fe tuviera un mayor impacto?”. Respuesta: “No exactamente. He sido realista… Es comprensible que este tema, tan estrechamente ligado al del documento anterior (Dilexi te), no suscite particulares emociones”.