Estimado Aldo María,

la hipótesis de beatificación de Bergoglio no sorprende y en el fondo está en línea con la predicación del Papa argentino que tenía una visión muy propia de las bienaventuranzas:

bienaventurados los pecadores, porque son perdonados aunque en ellos no se vea sombra de arrepentimiento;

bienaventurados los malvados, porque el infierno no existe;

bienaventurados los seguidores de otras religiones, porque es la sabia voluntad de Dios querer más religiones;

bienaventurados los ateos, porque no están obligados a observar las tontas reglas impuestas por las religiones;

bienaventurados los pobres, porque el Estado pensará por ellos;

bienaventurados los migrantes irregulares, porque deben ser acogidos indiscriminadamente (excepto dentro de los muros vaticanos);

bienaventurados los grupos llamados radicalizados, porque ocupan un vacío de la sociedad en su conjunto.

A las bienaventuranzas correspondían, entonces, otros tantos ayes:

¡ay de vosotros cardenales que planteáis dubia, porque no obtendréis respuesta;

¡ay de vosotros católicos devotos, porque tenéis cara de pepinillo en vinagre;

¡ay de vosotros misioneros, porque cometéis el único pecado que queda, el del proselitismo;

¡ay de vosotros sacerdotes y monjas, porque sois burócratas de lo sagrado y viejas solteronas;

¡ay de vosotros pobres de espíritu, porque no sois rentables mediáticamente;

¡ay de vosotros que dudáis de la naturaleza antrópica del cambio climático, porque sois necios;

¡ay de vosotros que no creéis en el proceso sinodal, porque aún no habéis comprendido que la Verdad es democrática.

En conclusión, bienaventurados todos con tal de que no crean realmente en nada y ¡ay de quien intente tomarse en serio la Verdad.