Si ves la maleza pero no la arrancas de raíz, no te quejes cuando amenace con invadir todo el césped.

Una maleza nociva está echando raíces en la Iglesia. El cardenal Burke llegó incluso a identificarla y a alertar de su peligro cuando, en fecha reciente, clamó: «¡Detengan el Sínodo!». Mas el cardenal Sarah ha ido más allá y ha diagnosticado su dolencia: el paganismo.

El Sínodo es el caballo de Troya con el que se intenta transformar la Iglesia cristiana en un templo pagano.

Michael Haynes, que informa en The Catholic Herald, cita al cardenal Sarah, quien afirma que el paganismo ha entrado en la Iglesia. El cardenal lo remonta al desastre de la Pachamama, ocurrido durante el Sínodo, con el papa Francisco presidiendo y permitiendo el destronamiento del Dios verdadero por un falso dios en el mismo recinto sagrado. Fue un sacrilegio y una blasfemia. Escribía Haynes:

«Dos momentos clave del pontificado de Francisco prueban que «puro paganismo ha entrado en la Iglesia», según el cardenal Robert Sarah.

«Trajeron un ídolo inca, y ese ídolo entró en la basílica de San Pedro», lamentó el cardenal Sarah al evocar el Sínodo de la Amazonía de 2019.

«Lo llevamos en procesión desde la Basílica a la Sala Pablo VI, y permaneció ante nosotros todo el tiempo durante el Sínodo» —recordó durante una extensa entrevista con la vaticanista Diane Montagna—. «La Pachamama permaneció allí así durante todo el Sínodo».

«Estamos de acuerdo con el cardenal Burke: ahora, el único recurso razonable para el papa León es detener la auto-destrucción generada por el engranaje del aparato sinodal».

Diane Montagna comunicó en su Substack y en la página web College of Cardinals Report las recientes declaraciones de Burke, algunas de las más graves hasta ahora sobre la catástrofe del Sínodo, que ahonda la confusión y contradice con regularidad la enseñanza católica establecida en materia de fe y costumbres.

Esta última información está fechada el 17 de julio de 2026, pero el llamamiento para recuperar el sano juicio católico no es nuevo.

«El cardenal Raymond Burke ha expresado graves preocupaciones por el uso de la «sinodalidad» en el reciente consistorio de cardenales, advirtiendo que la metodología actual corre el riesgo de socavar el debate abierto en el Colegio Cardenalicio y de velar los asuntos cruciales que afronta la Iglesia».

«En declaraciones a College of Cardinals Report, tras el consistorio celebrado los días 26 y 27 de junio convocado por el papa León, el cardenal Burke acogió con beneplácito el reencuentro de cardenales, algo que, anotó, no ocurría desde hacía muchos años bajo el pontificado de Francisco, y describió la oportunidad de un mayor intercambio fraterno como «un gran fruto».

«Pero también expresó su inquietud por la estructura de la reunión, que limitaba el debate profundo, pues adoptó un formato modelado en los procesos «sinodales», con cardenales divididos en grupos reducidos y guiados por preguntas prefijadas».

«Argumentó que este enfoque impedía una participación verdaderamente comprometedora y reducía las aportaciones a resúmenes basados en el consenso, con riesgo de que quedaran excluidas las perspectivas discrepantes, pero de gran importancia, que no compartiera la mayoría».

«Los informes no son más que resúmenes de lo que todos los cardenales acordaron» —dijo el cardenal Burke, añadiendo que podrían omitirse perspectivas de relevancia pese a no compartir la mayoría sus puntos de vista—.

«Describió la sesión final, realizada en el formato tradicional de debate abierto, como la parte más provechosa de la reunión, aunque limitada en el tiempo. La libre discusión, en presencia del Papa, era la forma en que se llevaban a cabo los consistorios de cardenales en el pasado».

«En su conjunto —dijo—, el consistorio fue un proceso «muy controlado», incluido el aparente preseleccionamiento de los líderes del debate y las limitadas oportunidades para la intervención libre. Desde su perspectiva, eso entrañaba el riesgo de menoscabar el papel de los cardenales como consejeros del Papa».

«Al abordar el creciente uso de la «sinodalidad» en la Iglesia, el cardenal Burke cuestionó con firmeza sus fundamentos teológicos e históricos, describiéndola como un concepto carente de definición clara o precedente en la tradición eclesiástica. Aunque los sínodos han existido durante mucho tiempo como reuniones consultivas ocasionales, subrayó que no son elementos constitutivos de la naturaleza de la Iglesia».

««No existe definición de sinodalidad, tampoco hay historia de la misma en la Iglesia» —dijo—, expresando su inquietud ante la fusión de estructuras establecidas, como los consistorios, con lo que considera un concepto indefinido».

«Citando la enseñanza de san Pablo sobre la transmisión de la fe —‹Os transmito lo que yo recibí›—, Burke argumentó que la continuidad es esencial y está ausente en las formulaciones actuales de sinodalidad».

«‹Por consiguiente, debemos insistir en que todo este asunto de la sinodalidad se detenga y se realice un estudio muy serio del tema, porque estamos hablando de la vida misma de la Iglesia y de la salvación de las almas»», dijo el cardenal.

«El cardenal advirtió asimismo contra el reajuste de las estructuras eclesiales establecidas en torno a lo que él caracteriza como una idea contemporánea y poco examinada. «La Iglesia no tiene cambios de paradigma» —dijo—, rechazando el lenguaje empleado en discusiones sinodales y otras que sugieren un viraje radical en la doctrina o la misión de la Iglesia».

««También advirtió que un excesivo enfoque en las preocupaciones contemporáneas entraña el riesgo de acomodar a la Iglesia a modos de pensar seculares, en vez de afrontar el mundo moderno desde la continuidad doctrinal e histórica de la propia Iglesia».

«‹Confío en que Nuestro Señor protegerá a la Iglesia» —dijo—, «pero debemos hacer nuestra parte para decir: no, este concepto de sinodalidad, aunque pueda tener algo bueno en el sentido de pretender responder a la fe del tiempo presente, es fundamentalmente erróneo»».

La peligrosa manipulación espiritual o teológica de sustituir lo ajeno por la Iglesia de Jesucristo, constituida por Dios, es ahora patente para todos. Y su nombre no es ya «Legión», sino «sinodalidad».

La sinodalidad fue el hijo predilecto del papa Francisco, sugerido por un anglicano, un cuerpo eclesial que hoy emprende el camino de su autodestrucción. No necesitamos experimentar: ya conocemos el resultado que nos aguarda si no retornamos. La Iglesia Anglicana ha abandonado ya toda pretensión de enseñanza moral, con la sodomía substituyendo al matrimonio bendecido por la Iglesia y sus «ministros» haciendo ostentación en redes sociales de sus «cónyuges» del mismo sexo. Una farsa si no fuera tan trágica y escandalosa —sin contar, además, lo sacrílego—.

La voz de Burke es necesaria, mas, tras la del Papa, solo los cardenales —más que nadie en la Iglesia universal— tienen la capacidad de actuar y proteger con eficacia a la Iglesia y a los fieles de las asechanzas del Enemigo.

El cardenal Sarah lo ha resumido con la mayor claridad y, por tanto, con ayuda providencial: no es sino la antítesis de la Fe con la que coquetean los agentes del Sínodo. El paganismo mismo se abre como un abismo de mal que amenaza con abismar y consumir las almas.

Sí, por amor de Dios y de las almas, añado mi voz a la de los cardenales y a la de muchos otros que claman en nombre de todo lo sagrado: detengan el sínodo pagano.

Pbro. Kevin Kusick