Veréis, a mí no me hace ninguna gracia atacar al Papa, si es que esto es un ataque al Papa, pero me hace menos gracia que el Papa me ataque a mí.
Casterio de Comunicación del Vaticano ha publicado esta semana una nota en la que felicita al gobierno de Sánchez por el progreso económico y social. Es que es sangrante.
Su propia historia sugiere que no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera estabilidad y prosperidad. El mensaje de paz que en estos tiempos, por desgracia, resuena para algunos como ingenuo y para otros como provocador, encuentra acogida en quienes no se encierran en ideologías prefabricadas, sino que se abren a la verdad. Invito a todos, por amor a la verdad a abandonar las narrativas divisivas y polarizantes de vuestra realidad social y de su historia. huir de estos enfoques identitarios que parecen aclararlo todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos.
No hay nada de lo que haga el Papa que no esté perfectamente medido. Sus afirmaciones y también sus silencios, sus acciones y sus omisiones. En todo lo que hace el Papa, las improvisaciones, os aseguro que están perfectamente ensayadas. Desde hace muchos siglos la diplomacia vaticana está considerada como la más fina del mundo, con la mejor informada del mundo. En primer lugar, por la amplitud de las redes que tiene de información, todos los miles de sacerdotes y seglares que informan al Vaticano desde tiempo inmemorial, pero no solo por la información de que ha dispuesto, sino también por las formas vaticanas, por las formas del protocolo vaticano, que es absolutamente escrupuloso, porque la Santa Sede sabe perfectamente que las formas también transmiten. Y es más, el Vaticano es la escuela de diplomacia que más transmite con las formas, o sea, que todo lo que hacen está perfectamente medido. Y saben que una parte sustancial del mensaje se transmite a través de eso.
Así que lo del Papa es importante lo que dice, lo que calla y cómo lo dice o cuándo lo calla. El mensaje en sí, el mensaje que pueda dar el Papa, por supuesto que tiene trascendencia, pero en fin, no cabe esperar muchas modificaciones de las cuestiones más vinculadas a lo estrictamente religioso, aunque hemos visto algunas cosas en los últimos tiempos, en fin, bastante llamativas, vamos a decirlo así. Sobre todo en los últimos pontificados, como digo.
Pero lo importante no es tanto lo que diga como cuándo lo dice y qué lugar le concede en el discurso a lo que dice. Por ejemplo, Francisco no vino a España, que le quedaba muy cerca geográficamente desde Italia y no vino no solo con perfecta conciencia de lo que hacía, sino en un marco muy concreto. Francisco rehusó visitar esa España que evangelizó América, pero sí pidió perdón por los excesos de la conquista, un perdón que no le correspondía, en fin, ni como argentino, ni como de origen italiano, ni como papa, porque la conquista no tiene que ver con lo que hiciera la Iglesia, que eso es después y es la evangelización.
Da igual. Él pidió perdón por si acaso en una muestra por demás quiero decir de misericordia y de humildad donde las haya. O sea, pedir perdón por lo que han hecho otros es verdaderamente fantástico. En su decisión, en esa decisión de tomar esa perspectiva política, ¿por qué lo es?
Pesó el saber que estaba mandando un mensaje. Un mensaje muy claro al mismo tiempo que se negaba a venir a España, un papa procedente de lo que él llamaba Latinoamérica y que tenía el español por lengua propia, por lengua materna, en fin, y que se reunía de forma ostensiblemente complaciente, por ejemplo, con Evo Morales, al que le regalaba una cruz y el martillo. Bueno, en una esa, bueno, pues no sé cómo llamarlo, pero repugnante coyunda entre lo blasfemo y lo sagrado.
Y pedía perdón precisamente por lo sagrado, sonriendo, no sé si complaciente, pero al menos silente ante lo blasfemo, para lo que siempre encontraba algún motivo de misericordia y comprensión. Y en esa línea seguimos con sus matices, que yo no digo que no los haya.
Pero seguimos en lo mismo. Veréis, hubo muchos católicos que le afeiaron al Papa anterior el que no visitara España. Yo no estoy entre ellos. Que conste, porque francamente pues prefiero que Francisco no haya venido aquí a insultar nuestra historia, que para eso ya nos la pintamos solos. Y tenemos nuestro gobierno, nuestro ministro de cultura, nuestro parlamento, nuestras universidades, nuestra academia, nuestra Conferencia Episcopal, nuestro monarca, que ya se ocupan, en fin, de que la historia de España quede por los suelos.
Así que mejor en todo caso no recibir insultos importados. También es de agradecer.
Y algo parecido, aunque por razones pues a lo mejor ligeramente diferentes, pero tampoco tanto, tengo que decir del actual viaje del Papa a España.
Evidentemente no sé lo que el Papa va a decir en los próximos días, claro. Y alguien dirá, "Joder, pues si no sabes lo que va a decir, espérate un poco y ya si eso luego pues te metes con él y tal y todo esto." Veréis, a mí no me hace ninguna gracia atacar al Papa, si es que esto es un ataque al Papa, pero me hace menos gracia que el Papa me ataque a mí, ya veis, cosillas mías. Y el Papa sí me está atacando.
A mí y a todos los españoles, aunque muchos no se den cuenta, unos porque están de acuerdo con la postura de la Santa Sede en muchas cosas, precisamente aquellos que no van nunca a misa y que desprecian todo lo que tiene que ver con la fe. otros porque han desarrollado una extraña papolatría, una especie de mutación entre el del catolicismo, dando la razón, por cierto, a Lutero cinco siglos más tarde, porque Lutero nos acusaba justamente de eso, de ser papólatras y que, bueno, ven al Papa, yo no sé si como una especie de estrella del rock, del más allá o alguna cosa parecida.
En fin, en el viaje del Papa hay muchas afirmaciones, por lo que hemos visto hasta ahora, y muchos silencios y muchas omisiones. Y los unos y las otras son tan importantes como las afirmaciones, porque todo tiene que ser interpretado en su contexto. Y el contexto de Europa y de España, que el Papa no ignora, desde luego, es el que es.
El Papa no puede ignorar, no ignora, no lo hace, que Europa está siendo invadida. y que esa invasión la llevan a cabo enemigos jurados de la religión católica, del cristianismo en general y de la civilización, trascendiendo lo estrictamente religioso, de la civilización occidental, que la situación es crítica, no lo ignora nadie medianamente informado y menos el Papa y menos el Vaticano y la Conferencia Episcopal.
Pues todo lo que tiene que decir el Papa al respecto es que hay que fomentar el diálogo con quien quiere destruirnos e imponernos unas formas de vida adecuadas. Todo lo más para las caravanas de dromedarios del desierto arábico. Y digo mucho, que en España la situación es crítica para la nación y no digamos nada para el catolicismo, pues yo creo que no se le escapa nadie entre el laicismo desorejado del gobierno, la proliferación de evangélicos y la extensión social de un indiferentismo ya yo creo que generalizado que está haciendo de los españoles una especie de zombies en materia religiosa.
Todo esto es algo que no puede ignorar y que no ignora, desde luego, el Papa.
Que en España estamos en manos del gobierno más corrupto de la historia de nuestra nación, desde Sisebuto, por decir algo, pobre Sisebuto, pues tampoco es algo que ignore el Papa.
Pero el dicasterio de comunicación del Vaticano ha publicado esta semana una nota en la que felicita al gobierno de Sánchez por el progreso económico y social. Es que es sangrante.
Un gobierno en cuya corrupción no falta de nada, ni cocaína, ni asalto al dinero público, ni negocios con los regímenes más repugnantes del mundo, donde le va cojonudamente bien al Ibex 35 mientras los españoles agonizan cada día son más pobres. Bueno, pues nada, le felicitamos por el progreso económico y social.
Yo no sé si esto es estar en el discurso vaticanista con los excluidos, con los descartados, eh, y una Y perdonad el lenguaje, pero es que no puedo más con toda esta patraña. Señores de la Conferencia Episcopal, señores del Vaticano, señor León XIV, ¿están ustedes apoyando a un gobierno degenerado, degenerado donde los haya, a las políticas de las élites, a las políticas contra el pueblo, contra la gente de a pie? Vamos, que España va bien con Sánchez según el Vaticano.
Sí, León 14, yo te acuso de connivencia con todo esto, con todo lo que nos está matando en el plano material y espiritual. Y, hombre, al menos lo espiritual te debería preocupar, aunque ya sé que últimamente parece que hablas más, ¿no? Últimamente tú el que te cedió y en fin, habláis más de lo material que de lo espiritual. Curiosa función de un Santo Padre, pero en fin.
En esta tesitura en la que España se juega su existencia, tú has elegido.
Podías haber ido a Covadonga o a los centros de inmigración en Canarias y has elegido Canarias.
Es más, fíjate, por no ser muy radicales, podías haber ido a los dos sitios. Podías hablar de la tragedia humana de la inmigración. Ni siquiera te voy a pedir que denuncies a las mafias privadas y gubernamentales que impulsan la inmigración. ni siquiera te voy a pedir ya puestos a hablar de política que denuncies a las ONGs como las responsables del cementerio, lo que han convertido el Mediterráneo y el Atlántico, y que ellas, las ONGs, junto a la llamada de los gobiernos son los responsables de la catástrofe humanitaria de los miles de muertos. Y tú, León XIV, claro que lo sabes y callas y prefieres una versión barrio sésamo en la que todo esto al parecer pues sucede porque sí, cosillas que pasan. a saber quién es el responsable, ¿no?, de todo esto.
La gente muere. Bueno, la gente muere porque están pasando cosas que les impulsan a inmigrar. Bueno, de esto por supuesto Nimu. Pero mira, ni siquiera te voy a pedir eso. Bastaría con que te hubieras molestado en visitar Covadonga, por ejemplo, y que sí, que mostraras toda la sensibilidad ante la tragedia humana de la inmigración, que muchas veces lo es, muchas veces lo es. Pero también que señalaras que, como dijo un antecesor tuyo, Juan Pablo Segund, ¿quién me iba a decir a mí que le iba a citar entre mis fuentes patrísticas? Bueno, pues Juan Pablo II, Europa, sé fiel a tus raíces.
Pero esto no lo dices.
Si León XIV podías haber hecho las dos cosas: señalar la tragedia humana y la amenaza para la civilización y la religión.
Pero esta última, a saber por qué, has decidido sencillamente ignorarla. Y resulta que tus silencios hablan más alto que tus discursos.
Todo lo que tiene que decir del presidente de gobierno que le acoge en un país al que Sánchez trata como a uno de sus lupanares es que España ha progresado económica y socialmente, lo que además es mentira, porque además mentís. Es que además mentís y ni siquiera has tenido un par de horas, un maldito par de horas para darte un garbeo y acercarte al Valle de los Caídos que te queda a 50 km donde estás alojado, a 50 km. que con la carretera despejada y con los coches que tenéis son 20 minutos, 25. Venga, que es un paseo al lado de casa para el que no has tenido tiempo porque no te ha dado la gana.
En ese Valle de los Caídos donde se ha saqueado la tumba de uno de los más fieles hijos de la Iglesia con vuestra complicidad.
Y querido y santo padre, por cierto, cuando pase por las calles de Madrid, no te olvides de que todos esos aplausos e histerismos papolátricos son posibles porque ese hombre al que se sacó con vuestra complicidad salvó a la Iglesia del Exterminio hace 90 años.
Un exterminio al que estaba destinada por aquellos ante quienes hoy os humilláis indignos.
A mí no me engañáis. A mí no me engañáis.
No estáis con los excluidos, con los descartados. Estáis con los poderosos. Estáis con el gobierno del Ibex 35. Estáis con el gobierno que deja a los españoles sin vivienda. Estáis con el gobierno que abandona a los españoles a su suerte. Estáis con los saqueadores de tumbas. Estáis con el gobierno presidido por el ser más abyecto que cabe concebir. Estáis con los invasores, soberbios y orgullosos, y contra los invadidos, que cada vez perciben una orfandad de una forma más aterrorizada, porque vosotros les habéis abandonado.
Los descartados y los excluidos somos nosotros.
Has venido a santificar a la Conferencia Episcopal y las políticas migratorias. A eso has venido. Esa es la verdad, León XIV. No has querido visitar lo que nos es más querido, ni Covadonga ni el Valle de los Caídos.
El mensaje y el silencio están claros para quienes quieren oírlo. Y el que no quiera oírlo es que ya no tiene remedio.