A los 78 años, Jimmy Lai sigue siendo uno de los prisioneros políticos más célebres del mundo chino. Fundador del diario pro democracia Apple Daily, cerrado bajo la presión de las autoridades, actualmente cumple una larga condena de prisión en virtud de la ley de seguridad nacional impuesta por Pekín a Hong Kong. Para las autoridades chinas, Jimmy Lai es acusado de colusión con potencias extranjeras y de actividades que amenazan la seguridad del Estado. Para sus partidarios, es ante todo un hombre encarcelado por defender la libertad de conciencia, la libertad de prensa y el derecho de los hongkoneses a preservar sus libertades fundamentales.
Durante su visita oficial a China, Donald Trump confirmó haber planteado personalmente el caso de Jimmy Lai ante Xi Jinping. Frente a los periodistas, el presidente estadounidense reconoció que el líder chino había calificado este asunto como un « caso difícil ». « No quiero engañar a nadie, Xi Jinping dijo que Jimmy Lai es un caso difícil para él », declaró Donald Trump. Según el presidente estadounidense, Xi habría explicado que el régimen chino había « atravesado muchas cosas » relacionadas con las manifestaciones pro democracia en Hong Kong, razón por la cual cualquier decisión concerniente a Jimmy Lai seguía siendo particularmente delicada políticamente. El presidente estadounidense también abordó ante el líder chino el caso del pastor protestante Ezra Jin Mingri, otro prisionero cristiano detenido por las autoridades comunistas. Según él, Xi Jinping parecería conceder « una consideración muy seria » a la situación de este último. Para varios observadores, esta iniciativa marca, pues, una voluntad estadounidense de reposicionar la cuestión de los derechos religiosos y de los prisioneros de conciencia en el corazón del diálogo con Pekín.
Recordemos que la historia personal de Jimmy Lai ilumina la fuerza simbólica de su compromiso. Nacido en la China continental antes de huir siendo niño hacia Hong Kong, construyó un importante imperio económico en el sector textil y luego en los medios de comunicación. Pero con el paso de los años, su trayectoria adquiere una dimensión profundamente espiritual y política. Convertido al catolicismo en los años noventa, Jimmy Lai ha explicado frecuentemente que su fe cristiana había transformado su comprensión de la dignidad humana y del coraje moral.
Admirador de San Juan Pablo II y del papel desempeñado por la Iglesia en la caída de los regímenes comunistas europeos, veía en el cristianismo una fuerza interior capaz de resistir a los sistemas fundados en el miedo.