Tras las conocidas vicisitudes vividas por los lefebvrianos en estas últimas décadas, el 2 de febrero el superior de la FSSPX anunciaba su intención de proceder a nuevas consagraciones episcopales sin el mandato papal, porque la Fraternidad «considera que el estado objetivo de grave necesidad en el que se encuentran las almas requiere tal decisión». En vez de afrontar personalmente esta gravísima cuestión, León XIV confiaba el caso a Tucho, es decir, lo mismo que elegir un lobo hambriento como pastor de las ovejas, y el cardenal Zen comentaba: «Tucho, que busca anular las tradiciones de la Iglesia, ¿cómo podría no odiar a la FSSPX? Probablemente sería feliz de verla excomulgada». Como era de esperar, la negociación fracasaba, y también por haber rechazado el encuentro con el padre Pagliarani, León demostraba toda su inadecuación al afrontar los problemas vitales de «su» iglesia. La posición teológica de la Fraternidad representa la fracción extrema una cum: esta iglesia es apóstata, el papa es hereje, sin embargo nosotros permanecemos fieles al Santo Padre. A pesar de esta singular forma patológica de disociación mental, las declaraciones del padre Pagliarani eran fuertes y decididas: 

«Hay que saber reconocer con sencillez que la participación de un Papa en un ritual en honor de la Pachamama, en los jardines del Vaticano, es una locura y un escándalo sin nombre; por último, y sobre todo, hay que dejar de engañar a las almas y a la humanidad haciéndoles creer que todas las religiones adoran al mismo Dios bajo nombres distintos… En este trágico contexto, es necesario que alguien se atreva a decir: ¡Basta!, no solo con palabras, sino sobre todo con gestos concretos». Si, en la confusión presente, la Providencia proporciona a la Fraternidad San Pio X los medios para proclamar claramente los derechos eternos de Nuestro Señor, sería por nuestra parte un pecado muy grave sustraernos a esta obligación que la fe y la caridad nos imponen … Sin embargo, me sorprende que, por parte del Santo Padre, no haya habido hasta ahora ninguna respuesta ni reacción personal».

El padre Pagliarani no tenía el coraje de decir lo que pensaba, es decir, que la iglesia bergogliana era herética, y usaba el eufemismo «confusión presente», que motivaba un estado de necesidad injustificado, porque chocababa con la voluntad del «Santo Padre», reconocido como tal por los lefebvrianos y por tanto totalmente ilícito. Está claro que no estamos en presencia de un «estado de necesidad», sino de un «estado de apostasía», pero esto la Fraternidad no podía confesarlo al mundo, porque vivía a merced de «un estado de simulación doctrinal». Entretanto, el obispo Schneider, que en 2015 había sido encargado por Bergoglio de visitar los seminarios de la FSSPX, asumía una posición ambigua: por un lado solicitaba a León que encontrara un acuerdo con la Fraternidad para evitar un cisma, por otro, en una entrevista revelaba que varios obispos consultados por él no aceptaban el magisterio de Francisco, aunque no tenían el coraje de decirlo abiertamente, pero eso era síntoma de un cisma ya en acto. En cualquier caso, nos enfrentamos al descubrimiento del agua tibia: la iglesia sinodal-arcoíris ejerce su poder solo gracias a la cobardía de cardenales y obispos, que en vez de reconocer el «estado de apostasía» de la falsa iglesia de Roma, se pierden en charlas inútiles.

El 13 de mayo Tucho hacía publicar una amenaza explícita contra la Fraternidad por «cisma», «grave ofensa a Dios» y «excomunión». Estábamos asistiendo a un nuevo episodio de Oggi le comiche, donde la Fraternidad Sacerdotal San Pio X era acusada de cisma por la iglesia cismática de Roma, que acogía y bendecía a la arzobispa cismática de Canterbury Sarah Mullally. Pero la decisión ya estaba tomada, y el padre Pagliarani respondía al día siguiente enviando una «profesión de fe» a León XIV.

Para contrarrestar las herejías del camino sinodal alemán, el domingo 12 de julio se constituyó oficialmente en Offenbach am Main el movimiento laical Pro Fide Ecclesiae, que entre sus promotores cuenta con el obispo emérito Marian Eleganti. El cisma alemán ya se había consumado, pero también en este caso a la iglesia de Roma le convenía hacer como si nada, y en referencia a la bendición litúrgica de las parejas homosexuales aprobada por varios obispos alemanes, León se pronunciaba con estas expresiones inconexas: «Nosotros de la Santa Sede no estamos de acuerdo… lo importante es crear unidad y no desunión»; la lógica imponía usar el mismo criterio frente a la FSSPX, pero la honestidad y la coherencia no forman parte del bagaje espiritual de Robert Francis Prevost.

Mientras con motivo de la Nuit Blanche algunas iglesias de París fueron transformadas en discotecas y exposiciones de ocultismo, en varias diócesis se prohibía a los peregrinos de la FSSPX participar en la misa tradicional, y esto no hacía sino agudizar la tensión entre las partes. La hipocresía de la iglesia sinodal-arcoíris estaba ante los ojos de todos: la misa celebrada por cincuenta sacerdotes cismáticos anglicanos en San Juan de Letrán en abril de 2023 sí, la misa celebrada en Roma por el obispo Savino para el Jubileo LGBT sí, la misa de los católicos que usan el misal antiguo NO.

Tras la Declaración de Fe católica dirigida al papa en el mes de mayo, la Fraternidad enviaba una carta abierta a León y a todos los cardenales, acompañada de otra Profesión de fe católica. Ante el inminente cisma, muchos ánimos católicos estaban en efervescencia, y también don Nicola Bux invitaba a Prevost a cambiar de actitud no solo hacia la Fraternidad, sino también respecto a los Dubia presentados por algunos cardenales respecto al  camino sinodal. León había evitado cuidadosamente abordar el problema en el consistorio de junio, y en su extrema solicitud por la Fraternidad, enviaba un último llamamiento al padre Pagliarani 24 horas antes del fatídico 1 de julio (fechado el 29 de junio):

«Con este espíritu, y colmo de afecto cristiano, os ruego y os pido con todo mi corazón: ¡volved sobre vuestros pasos! […] Rezo por vosotros, porque desgarrar la Túnica inconsútil de Cristo es un pecado de extrema gravedad».

Hasta ahora las confesiones y los matrimonios celebrados por la Fraternidad, aunque ilícitos, eran considerados válidos, mientras que ahora el papa amonestaba: «el acto cismático que cometeríais los privaría de la recepción lícita y en algunos casos incluso válida de los Sacramentos». El padre Pagliarani respondía el mismo día: Lejos de nosotros la idea de separarnos de la Iglesia romana, e invitaba al «Santísimo Padre» a tomarse un tiempo para el discernimiento, pidiéndole incluso la bendición. El 1 de julio la Fraternidad consumaba el cisma, ¡pero guay de hablar de ello! Durante su discurso Pagliarani decía: «Simplemente, tenemos el deber de conservar la fe que la Iglesia siempre ha enseñado». Del mismo modo que Judas, mientras traicionaba a León, Pagliarani seguía «besándolo»: Se nos acusa de no amar al Papa. Se nos acusa de no respetarlo. Pero es precisamente porque amamos al Papa, sinceramente, como Vicario de Cristo, como cabeza de la Iglesia, que no queremos seguir viendo al Papa humillado junto a falsos pastores, representantes de falsas religiones…. estas consagraciones no constituyen una ruptura. Constituyen una continuidad: una continuidad con la fe de siempre.

El ya famoso Tucho Fernández, conocido no solo como porno-teólogo, sino también por los documentos elaborados como Prefecto del DDF, siempre confusos e incoherentes, enviaba a la Fraternidad la confirmación de la excomunión acompañada de una relativa Nota explicativa, que era inmediatamente impugnada por varios canonistas y considerada sin efectos canónicos. Pagliarani le escribía de inmediato a León, y utilizando los habituales eufemismos, describía la apostasía de la iglesia sinodal concluyendo de este modo: «Permanezco, Santísimo Padre, vuestro hijo fidelísimo en el Señor». El padre Pagliarani se definía hijo fidelísimo ¡porque era desobediente! Bastaba con escuchar el discurso pronunciado en las vísperas del 1 de julio por el recién elegido obispo Michael Goldade, para entender cómo la Fraternidad consideraba apóstata y cismática a la iglesia sinodal de Roma, pero esto no se debía decir a nadie, y había que seguir fingiendo lealtad a «nuestra Santa Madre Iglesia».

 

Como si la excomunión hubiera constituido solo un incidente de recorrido… algo inesperado, el 11 de julio la Fraternidad presentaba un recurso conforme a los cánones 1734 y siguientes del Código de Derecho Canónico, y en consecuencia se suspendían todas las sanciones recibidas.

 

       Excomunión sí (Giovanni Paolo II), excomunión no (Benedicto XVI), excomunión quizás (León XIV).

 

Era evidente que los movimientos de la FSSPX eran cuidadosamente estudiados sobre el tablero, y el padre Pagliarani daba la impresión de invitar a León XIV a vivir la experiencia del profeta Oseas (1,2), que un día oyó decir al Señor:

 

«Ve, tómate por esposa a una prostituta,

engendra hijos de prostitución,

porque el país no hace sino prostituirse

alejándose del Señor».

 

Se tiene la sensación de que la esposa infiel Pagliarani esté tomando el pelo al marido León XIV, y mientras sigue jurándole fidelidad, no deja de frecuentar a sus amantes. Se podría decir también que el marido y la esposa infiel ya están separados en casa. En cualquier caso, a ambos protagonistas les conviene mantener los equilibrios ya consolidados, para llevar adelante esta soap opera el mayor tiempo posible, con plena satisfacción de ambos esposos.

Antonio Romano