El quinto Mandamiento reza: No matarás. Jorge Mario Bergoglio fingía creer en ello, y con extrema decisión condenaba el aborto: «porque la defensa de la dignidad de la vida humana desde el primer instante de la concepción hasta la muerte natural siempre ha encontrado en la enseñanza de la Iglesia su voz coherente y autorizada… ¡la Iglesia tiene una doctrina clara!… Es una vida humana, punto. Y esta vida humana debe ser respetada… ¿es justo contratar a un sicario para resolver un problema?».
Como Satanás se disfraza de ángel de luz (2Cor 11,14), en la realidad el Argentino tropezaba con su propia iniquidad (Os 14,2) revelando una orientación homicida: reprendía al obispo de San Francisco, Cordileone, por haber negado la comunión a la abortista serial impenitente Nancy Pelosi; le decía a Joe Biden que podía comulgar, aunque el presidente estadounidense financiaba con millones de dólares organizaciones como Planned Parenthood, dedicadas a la industria abortiva y al cambio de sexo de los niños; alababa, e incluso iba a visitar a la influencer icono del aborto a la italiana Emma Bonino.
León XIV prosigue con dedicación la obra destructora de su amado predecesor, eligiendo con esmero obispos pro-LGBT y, por tanto, favorables al aborto; entre los últimos nombres Christian Würtz (Friburgo), Heiner Wilmer (Münster), Mario Antonio da Silva (Aparecida). El obispo de Ventimiglia-San Remo Antonio Suetta ha decidido hacer sonar la «campana por la vida», que cada día a las 20, desde la sede episcopal, recuerda a los niños abortados. Esta iniciativa ha sido contestada no solo por los políticos de izquierda, como era lógico esperar, sino también por el obispo Vincenzo Paglia. Los medios de comunicación han dado amplia cobertura al asunto, pero Suetta ha sido dejado solo por obispos y cardenales; incluso León estaba demasiado ocupado hablando de paz y fraternidad sinodal para decir una palabra sobre este tema. Prevost se negaba a recibir a monseñor Viganò y al padre Davide Pagliarani, pero acogía con entusiasmo al líder de los LGBT cristianos padre James Martin, quien participa gustoso en programas nocturnos para propagar su ideología libertina, y a sor Caram (que se define como la huérfana de Bergoglio), quien no cree en la virginidad de María y es partidaria del aborto libre. Ni hablemos luego de los elogios y bendiciones que el Americano reservaba a la arzobispa scismática anglicana pro-aborto-LGBT Sarah Mullally.
Para defender al cardenal abortista Blase Cupich, en el mes de septiembre León repitió una frase alucinante que ya había pronunciado el 14 de octubre de 2023: «Quien dice que está en contra del aborto, pero está de acuerdo con el trato inhumano a los inmigrantes en Estados Unidos, no sé si sea pro-vida». Obviamente pasaba por alto los informes de la abogada Liz Yore, quien ha acusado a los obispos estadounidenses —y, por tanto, a Prevost— de ser cómplices de la desaparición de medio millón de niños traídos del extranjero por encargo de pedófilos y satanistas. «Papa Francisco» patrocinaba el tráfico de seres humanos y, por tanto, la violación que sufren las mujeres durante el viaje, con un hermoso monumento a los migrantes en la plaza de San Pedro. No es menos León XIV, quien, idolatrando a su predecesor de todas las maneras posibles, ha titulado el Molo Favaloro de Lampedusa como «Papa Francesco», haciéndose retratar ante la Porta d’Europa, monumento que honra la memoria de los migrantes desaparecidos en el mar. ¿Acaso es posible comparar el número de migrantes que mueren durante el viaje con los millones de niños que cada año son voluntariamente abortados? Si Prevost fuera una persona honesta, debería eliminar el monumento a los migrantes de la plaza de San Pedro y sustituirlo por una obra artística en memoria de los niños asesinados antes de nacer; es más, las campanas de San Pedro deberían sonar cada día al unísono con las de Sanremo. León XIV envía mensajes para cualquier ocasión, pero no parece muy interesado en quien recuerda el exterminio de los niños. En el mensaje enviado a los participantes de la Marcha por la Vida 2026 hay una lacónica referencia de Prevost «a favor de los niños no nacidos». Con ocasión de la Jornada por la Vida del 13 de junio, Andrea Bocelli envió un mensaje recordando que los médicos aconsejaron a su madre abortar, pero ella eligió la vida. El tenor comentó: Lo debo todo a esa elección.
Cuando era presidente de la Pontificia Academia para la Vida, en un congreso celebrado en Roma el 2 de noviembre de 2021, monseñor Paglia dijo que a la persona enferma «le corresponde la palabra decisiva sobre lo que concierne a su propia salud y las intervenciones médicas en su cuerpo». En la misma ocasión repitió varias veces que «la vida es mía», pero esto es falso, porque la vida nos es confiada, pero pertenece al Todopoderoso. Dejando de lado otras expresiones propias de un ateo declarado, en su intervención en el Festival de Periodismo de Perugia 2023, tras reiterar el dogma bergogliano del acompañamiento, el mismo obispo afirmaba: «En este contexto no se puede excluir que en nuestra sociedad sea practicable una mediación jurídica que permita la asistencia al suicidio en las condiciones precisadas por la Sentencia 242/2019 de la Corte Constitucional». A través de sus fieles partidarios, Bergoglio abría el camino al suicidio motivado por cualquier tipo de capricho mental.
Para dejar claras las orientaciones de la iglesia sinodal-arcoíris se encargó el cardenal Cupich de la arquidiócesis de Chicago, quien inauguró un monumento para «honrar las vidas perdidas a causa del suicidio y ofrecer un espacio sagrado de oración y recuerdo». Cupich dijo: «La Iglesia ahora acoge a estas personas y afirma que están con Dios, no condenadas». Es claro que no nos corresponde juzgar lo que puede generar la psique de una persona desesperada, en cualquier caso, lo que dice el cardenal es falso, porque a propósito del quinto Mandamiento, en el Catecismo firmado por Juan Pablo II encontramos escrito:
2277 Cualesquiera que sean los motivos y los medios, la eutanasia directa consiste en poner fin a la vida de personas discapacitadas, enfermas o próximas a la muerte. Es moralmente inaceptable. Así, una acción u omisión que, por sí misma o intencionalmente, provoca la muerte con el fin de suprimir el dolor, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador. El error de juicio en el que se puede incurrir de buena fe no cambia la naturaleza de este acto homicida, siempre condenable y excluible.
A pesar del juicio inequívoco de Jesús sobre Judas, «El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! Más le valdría a ese hombre no haber nacido. Judas, el traidor, dijo: “Rabí, ¿soy yo?”. Le respondió: “Tú lo has dicho”» (Mt 26,24-25), arraigado en su impostura religiosa, Bergoglio tergiversaba el Evangelio y veía a Judas festivo en el paraíso. Ahora nos planteamos esta pregunta: ¿es posible que Judas haya vivido el suicidio asistido? La respuesta es decididamente sí, porque en referencia al traidor, en el Evangelio de Juan encontramos escrito: «Respondió Jesús: “Es aquel para quien mojaré el bocado y se lo daré”. Y, mojado el bocado, lo tomó y lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. Entonces, tras el bocado, Satanás entró en él» (13,26-27). Con todo el odio que lo caracteriza, Satanás fue el «asistente particular» del suicidio de Judas. Quien tiene experiencia del Diablo sabe muy bien que el mismo mecanismo se repite en muchas personas que deciden quitarse la vida.
El 11 de marzo y el 9 de abril, el exmagistrado y político Angelo Giorgianni escribió al secretario de Estado de la Santa Sede cardenal Parolin, pidiendo aclaraciones sobre tres razones que habrían invalidado el cónclave de 2025. Naturalmente, la iglesia sinodal del escucha y del diálogo, cuando se ve acorralada, no tiene ninguna intención ni de escuchar ni de dialogar. Entre los intelectuales católicos y los tradicionalistas está muy de moda criticar a León XIV y, al mismo tiempo, considerarlo el «Santo Padre», pero esto es el mayor engaño de estos tiempos. A estas personas, que se complacen en quejarse, les recuerdo que con el documento de Abu Dabi firmado por Bergoglio y ya citado con veneración por Prevost, todas las religiones estarían inspiradas por un dios no bien identificado, haciendo de hecho decaer el primer Mandamiento. Pocos meses después, el Argentino confirmaba su apostasía con una solemne procesión en San Pedro en honor al ídolo de Pachamama, al que aún se ofrecen sacrificios humanos, especialmente por parte de los buscadores de oro de los Andes peruanos. Recuerdo también una frase de Bergoglio en referencia a lo que «antes» la Iglesia Católica condenaba con el término concubinato: «Sin embargo, digo en verdad que he visto tanta fidelidad en estas convivencias, tanta fidelidad; y estoy seguro de que esto es un verdadero matrimonio, tienen la gracia del matrimonio, precisamente por la fidelidad que tienen». Estas expresiones eran un anuncio publicitario para legitimar Amoris laetitia, con la que Bergoglio permitía comulgar a todas las parejas de hecho y sin condiciones, aboliendo de facto el sexto Mandamiento.
Para la nueva iglesia guiada por Prevost, los Diez Mandamientos pertenecen ya a un legado religioso que solo genera incomodidad, porque obstaculiza la exuberante ligereza doctrinal dictada por el «camino sinodal», que para León XIV constituye el nuevo Credo. Toda la atención de la iglesia sinodal-arcoíris está concentrada en la fraternidad universal, que implica el reconocimiento de la Religión única, la frágil salud de la madre Tierra y la acogida de los migrantes, temas que constituirán el caballo de batalla del Anticristo. Ante la evidencia de los hechos, ¿es cismática la Fraternidad de San Pío X, recientemente excomulgada, o lo es mucho más la falsa iglesia de Roma anunciada en tantas profecías? Ya estamos inmersos en la apostasía, pero en poco tiempo asistiremos a su completo triunfo. León XIV pontificará por pocos años, ¡sin embargo, nos deparará grandes novedades!
Antonio Romano