Si Aldama es el GPS del hampa sociata, el cuaderno negro de Julito, es el de Zapatero y el azul de Leire es el diario de la cloaca de Sánchez. No hay duda de que Marlaska y sus hampones de Interior han mentido y que el P.S. del diario cloaquero de Leire Díaz es y sólo puede ser Pedro Sánchez. Lo importante ahora es ver en qué medida la apuesta del tirano por el paso del tiempo como amortiguador del efecto electoral de su destape delictivo funciona o se estrella con más anotaciones, con el viaje papal o los penaltis.

El testamento sinodal de Bergoglio

Lo de la selección se verá en un par de semanas, cuando Begoña y Zapatero hayan cumplido a dúo la penitencia de declarar ante los jueces. El viaje de León XIV ha empezado ya con signos dignos de comentario, tanto de la deriva progre de la Iglesia en España, cuyo símbolo es el rojo Cobo, como de la confusión en el Vaticano de la herencia de Bergoglio, la llamada sinodalidad, palabro sin tradición pero con claro significado: asambleario, la sustitución, al modo protestante, de la jerarquía eclesial por una especie de reunión en la que los laicos voten, al mismo nivel que los cardenales y obispos, lo que cabe llamar la política del dogma, la Revelación a votación.

Una Tercera de Cobo en ABC, mediocre en lo literario y ayuna de cualquier referencia evangélica, insistió el primer día de la visita papal, en que el futuro de la Iglesia es sinodal, una frase de Bergoglio contra la que se alzó, en presencia de León XIV, el anciano cardenal chino Zen, víctima de las cárceles comunistas, diciendo que liquidaba la jerarquía y el dogma, y reducía el carácter divino de la Iglesia a materia opinable. No ha sido el único cardenal en señalarlo, y se dice que León XIV, en la última tenida sinodal, sentados en unas mesas redondas como de boda, no respaldó la dirección marcada por Bergoglio como testamento. Eso ha dado esperanzas a los enemigos de la iglesia tumultuaria, pero lo cierto es que el nuevo Papa tampoco dio carpetazo al peligroso invento. Y los bergoglianos como Cobo mantienen que es la línea a seguir.

Para aventar dudas, la primera visita del Papa, con Cobo, fue a un centro de Cáritas, esos cristianos rojos, cantera de Podemos, que nunca dicen Caridad sino Justicia, en un barrio pobre y encontró a inmigrantes ilegales que se dicen migrantes, y le regalaron una tarjeta de residente y unas sandalias, como símbolo apostólico. Y del comunista Enver Hoxha. Si esto montan en Madrid, lo de Canarias, con tres cayucos en el altar, puede ser muchísimo peor, con quema de pasaportes y condena de las fronteras.

Ni a Compostela ni al Valle de los Caídos

Bergoglio odiaba a España (por eso nunca vino) tanto por su significación histórica, desde la Reconquista a la evangelización de América, como por el triunfo del ejército católico de Franco y los mártires de la Guerra Civil, Iglesia Triunfante a la que Roma condenó a un silencio ominoso. Cobo, el monaguillo jabonoso que el argentino creó cardenal, pactó con Bolaños su nuevo entierro al resignificar, o sea, profanar, el Valle de los Caídos. Y los primeros pasos de la visita del Papa han sido aplastantemente cobianos. No ha ido a Compostela —la cita de Santiago en su primer discurso no lo arregló, al revés— ni tampoco a rezar ante la Cruz más alta del mundo, que es la del Valle, condenado a derribo por Cobo.

Lo peor, sin embargo, no fue la verdad de la iglesia perseguida que ocultó, ni el lío que se armó comentando a San Juan de la Cruz, sin el san, sino la genuflexión ante el Islam, encubierta con la trola de la convivencia de las tres culturas en los siglos de dominio musulmán, que nunca existió. Lo que hubo fue un contrato de traductores por Alfonso X el Sabio, que, al tiempo, hizo implacablemente la guerra al Islam, conquistó el Valle del Guadalquivir con su padre Fernando III el Santo, más el reino de Murcia. La escuela de Traductores de Toledo no es símbolo de convivencia, sino de tolerancia cristiana, de la recuperación, vía Bagdad, de la raíz griega del pensamiento occidental y de los textos sagrados hebreos y latinos. Católico significa universal y ese era el designio de Alfonso X, como el de los Reyes Católicos cuando, tras conquistar Granada tras diez años de guerra, dejan la Alhambra, hoy con el Palacio de Carlos V, tan de Bernini como el Vaticano.

León XIV pretende ser el pacifista anti-Trump, no anti-Irán, ni anti-Hamas, ni anti-Boko Haram, ni anti-Xi Jinping. Las masacres de cristianos le preocupan menos que las de los terroristas islámicos y su entorno social. Pero España, que es como decir con la historia del catolicismo, le plantea un problema: nuestra nación nace o renace con la Reconquista, defendió siempre la Fe de Cristo. Fiel a Roma, ha luchado contra todas las herejías. El catolicismo que hoy subsiste es obra española con la Cruz y la Espada. Y la última vez que se puso a prueba la fe de nuestro pueblo fue en la Guerra Civil, donde al final, tras miles de mártires, triunfó el bando católico, el de Franco. ¿Va a seguir la Iglesia con León XIV, con Cobo ya sabemos que sí, escupiendo, como socialistas y comunistas, en la tumba del que la salvó?

El milagro de la belleza, el encanto del rito

A esa revisión de la historia, a esa memoria desmemoriada se aferra P.S. léase P.S.O.E. o Pedro Sánchez, cercado por los jueces y sus delitos. Al final del viaje papal veremos si con motivo o sin él. Es muy posible que la belleza de los ritos, la elegancia del Palacio Real, el encanto de Gaudí y la alegría de los fieles sean siembra de fe y cosecha de amor a España, a la puerta de una recristianización que supondría una recuperación nacional. Ojalá. Mientras tanto, ojo a Cobo, ojo a Sánchez, y ojo a los cayucos vaticanos.