El veredicto ha caído: el padre Vegara reducido al estado laical
Fue a través de la voz del presentador del canal de YouTube Macabeo, discípulo espiritual del padre, que la noticia se difundió: León XIV ha firmado oficialmente el decreto que priva al p. Francisco José Vegara de su estado clerical. Según él, Roma y el obispo de la diócesis de Orihuela-Alicante, Mons. José Ignacio Munilla Aguirre, han gestionado «deliberadamente el calendario», esperando el fin de la visita canónica del antipapa en España para notificar la sentencia y evitar así cualquier escándalo mediático simultáneo.
Esta sanción marca el punto culminante de un pulso doctrinal iniciado en 2019. Ordenado en 1993, el padre Vegara descubrió progresivamente la ilegitimidad del papa Francisco, y luego de su sucesor León XIV, calificándolos abiertamente de «antipapas heréticos». Tras ser destituido de su cargo de párroco de San Isidro, el sacerdote había optado por renunciar por sí mismo a su asignación diocesana para preservar su libertad de expresión, prefiriendo «el alimento del cielo al plato de lentejas» de la institución.
La guerra de los textos y la acusación de herejía
Lejos de someterse al silencio, el padre Vegara multiplicó los actos de ruptura teológica con la línea sinodal encarnada por Bergoglio y luego por Prevost. En enero de 2025, depositó en su obispado un voluminoso dossier denunciando las derivas doctrinales del Vaticano. Sus críticas apuntaban explícitamente a textos o notas romanas importantes: Amoris Laetitia (y su relectura por los obispos de Buenos Aires sobre la indisolubilidad del matrimonio), la declaración Fiducia Supplicans sobre las bendiciones de parejas del mismo sexo, la nota Una caro del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, así como el documento Dignitas Infinita.
Para el padre Vegara y sus partidarios, estas enseñanzas que desfiguran la enseñanza constante de la iglesia católica propagan el error. Ante lo que califican de «lengua viperina de Satanás» —una retórica que instaura una disonancia cognitiva que mezcla verdades católicas con compromisos modernos—, el sacerdote llamaba a una resistencia absoluta.
El episodio de Murcia y el juicio de la «disidencia controlada»
El caso tomó un giro más personal durante un incidente reciente en Murcia. Acudiendo a una conferencia de Mons. Athanasius Schneider —figura prominente del tradicionalismo mundial que vino a presentar su libro Fuir l’hérésie—, al padre Vegara se le negó el derecho de hacer una pregunta pública. Más aún, cuando intentó interpelar directamente al prelado al final del evento para exponerle sus tesis sedevacantistas, Mons. Schneider se negó al debate y eludió el encuentro.
El padre Vegara ve en ello una gran contradicción y teoriza la existencia de una «disidencia controlada»:
« Se puede criticar el pasado sin riesgo; pero en cuanto se trata de los errores presentes, aparece una línea roja. [...] Una sola gota de veneno en un buen discurso es lo más pernicioso. Y esta gota de veneno, en Mons. Schneider, consiste en defender con ensañamiento lo que estimo que son antipapados, al tiempo que se llama a huir de la herejía. »
¿Hacia la excomunión?
Para el padre Vegara, que vive este despido como una profunda injusticia eclesial pero también como una validación espiritual, el siguiente paso lógico es la excomunión, una sentencia que ahora dependería directamente de su obispo, Mons. Munilla. El presentador del canal Macabeo ha desafiado públicamente al prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el cardenal «Tucho» Fernández, a excomulgarlo también a él en solidaridad con el sacerdote destituido.
Este caso se inscribe en una dinámica más amplia de exclusión disciplinaria por parte de la Santa Sede. Otros clérigos, como don Fernando Cornet o el padre Natale Santonocito en Sicilia, han sufrido oleadas de sanciones duras y expeditivas. Para los campeones del Pequeño Resto que apoyan a estos sacerdotes, Roma busca imponer el silencio y el terror para instaurar definitivamente la herejía en una nueva iglesia sinodal que mantiene cuidadosamente las apariencias de continuidad apostólica.