A causa de las fuertes presiones ejercidas por la «mafia de San Galo» —que no es arriesgado identificar con la mafia vaticana—, cuando un miembro de la logia masónica Ur-Lodge Maat llamado Barack Obama hizo bloquear el banco vaticano mediante el código SWIFT, Benedicto XVI comprendió que ya no existían las condiciones para gobernar la Iglesia. La renuncia de Ratzinger dio pie a una miríada de interrogantes de bajo nivel argumentativo; sin embargo, también hay quien se ha planteado preguntas serias: ¿por qué el Papa no reveló que se había dimitido a causa de las presiones masónicas ya insostenibles y se inventó el ingravescente aetate? ¿Por qué se echó atrás sabiendo perfectamente que su sucesor sería un apóstata que predicaría una nueva religión? Al igual que los niños, querríamos tener respuesta para todo lo que no logramos explicarnos, pero esto no nos es dado, y debemos confiar en el designio de Dios. En cualquier caso, Benedicto XVI ideó un plan genial para invalidar el cónclave. Si el Papa hubiera renunciado realmente al munus petrino, su sucesor habría sido elegido válidamente, pero Ratzinger conocía la conspiración para colocar en el trono de Pedro a un impostor, y por ello elaboró una declaración sofisticada para declararse en sede impedita (can. 412; cf 335), y así anular la elección de su sucesor.
Lo que Benedicto XVI reveló a Vittorio Messori el 9 de septiembre de 2015 debió de ser terrible, pues durante un encuentro público celebrado en junio de 2016, el mismo periodista respondió así a un interlocutor: «ni con tenazas me sacará lo que Ratzinger me dijo realmente». Algunos de los que no aceptaron el plan de Benedicto XVI lo acusaban de envejecimiento mental, mientras que en los años siguientes a las dimisiones, el santo varón demostraba estar plenamente lúcido y consciente de su gesto. En las profecías de Malachías se escribe que Benedicto XVI (identificado como Gloria olivae) es el último Papa tal como lo hemos concebido hasta ahora, y tras las dimisiones Peter Seewald pregunta a Ratzinger qué piensa de esta profecía. Por pura lógica, y sin titubeos, Benedicto debería haber respondido que Francisco era su legítimo sucesor elegido por un cónclave regular, y por tanto no había que creer en semejantes profecías fantásticas. Sorprendentemente, Ratzinger respondió Todo puede ser. De hecho, tras la Declaratio del 11 de febrero, Benedicto repitió en varias ocasiones que dejaba el «ministerio petrino», pero no el munus: «El “siempre” es también un “para siempre”; no hay retorno a la vida privada». Inmediatamente después precisaba que no había dejado de ser Papa: «Mi decisión de renunciar al ejercicio activo del ministerio no revoca esto». Lo mismo repitió en el prólogo al libro publicado en 2023, ¿Qué es el cristianismo: «Cuando el 11 de febrero de 2013 anuncié mi dimisión del ministerio del sucesor de Pedro, no tenía ningún plan sobre lo que haría en la nueva situación». Si Benedicto hubiera renunciado al papado, la elección de Bergoglio habría sido válida a todos los efectos, pero Ratzinger compuso un texto difícil de interpretar, escrito deliberadamente en un latín deficiente, pero estudiado al detalle para declararse en sede impedida, en la cual se conserva el munus, pero se pierde el ministerium. Un estudioso de la lengua latina de la talla de Matteo Corrias ha definido la Declaratio como una obra de «ingeniería literaria». Además, cabe descartar que Ratzinger incurriera en confusión, pues no solo conocía muy bien el latín, sino que el Código de Derecho Canónico de 1983 fue precisamente revisado y corregido por él. En 2013 algunos advirtieron la irregularidad de la renuncia, pero solo después de descubrirse la falsificación por parte de la mafia vaticana de la traducción a otros idiomas de la Declaratio, comenzaron estudios profundos que arrojaron resultados sorprendentes.
Las dimisiones de Benedicto XVI son inválidas por muchos motivos ya excelentemente expuestos por otros autores, y solo deseo recordar algunos aspectos:
Primeros tres motivos de invalidez.
Can. 332 - § 2: «En el caso de que el Romano Pontífice renuncie a su oficio (munus), se requiere para la validez que la renuncia sea hecha libremente y que sea debidamente manifestada; no se exige, en cambio, que alguien la acepte». 1) Benedicto no leyó una Renuncia, sino una Declaración, es decir, una Decisión. 2) No renunció al munus, sino solo al ministerio activo. 3) Por estos motivos, su renuncia al papado no fue debidamente manifestada, y por tanto es nula.
Cuarto motivo.
El canon 332 fue confirmado por Juan Pablo II en la Universi Dominici Gregis: «76. Si la elección hubiera tenido lugar de otro modo al prescrito en la presente Constitución o no se hubieran observado las condiciones aquí establecidas, la elección es por ello mismo nula e inválida, sin que sea necesaria declaración alguna al respecto y, por tanto, no confiere derecho alguno a la persona elegida. 77. Establezco que las disposiciones concernientes a todo lo que precede a la elección del Romano Pontífice y al desarrollo de la misma deben ser observadas íntegramente, aunque la vacante de la Sede Apostólica se produzca por renuncia del Sumo Pontífice, según el can. 332, § 2 del Código de Derecho Canónico».
Quinto motivo.
Si durante la ceremonia nupcial católica el novio dijera: “Yo, N., te acepto a ti, N., como mi esposa… pero no hoy, sino dentro de 25 días a las 20 horas”, el acto jurídico sería nulo por vicio de forma y de fondo, porque un «acto puro» no puede diferirse en el tiempo, sino que debe tener efecto inmediato (can. 1102,2). Con mayor razón estas motivaciones se aplican al caso de la renuncia de un Papa, donde el actus juridicus purus no admite elementos accidentales como términos, condiciones o modos.
Sexto motivo.
Mons. Gänswein escribió que el texto de la Declaratio fue revisado y corregido por el cardenal Bertone y por mons. Gloder. Si consideramos que, posteriormente, el mismo texto fue manipulado por la mafia vaticana mediante falsas traducciones, para conocer las palabras pronunciadas por Benedicto XVI debemos servirnos exclusivamente de la grabación de audio. Tras las investigaciones oportunas, se comprendió que el Pontífice denunció una conjura urdida contra él: Por lo cual, plenamente consciente del peso de este acto, declaro con plena libertad, en mi perjuicio (mihi), que renuncio al ministerium de obispo de Roma, sucesor de San Pedro, a causa del delito (commissum) de un grupo (manus) de cardenales el día 19 de abril de 2005, de modo que desde el día 28 de febrero de 2013, a las veinte horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quede vacante (vacet). No es casualidad que el día de la elección de «Papa Francisco», en el balcón de San Pedro estuviera presente el card. Godfried Danneels, miembro destacado de la mafia de San Galo.
Séptimo motivo.
Benedicto afirma haberse dimitido a causa de la avanzada edad. En 1994, Juan Pablo II encargó al card. Fagiolo, en su calidad de presidente del Pontificio Consejo para la interpretación de los textos legislativos, que realizara un estudio sobre las implicaciones jurídicas y eclesiológicas de la renuncia del Papa. El cardenal respondió: «de manera taxativa y absoluta, el Papa nunca podrá dimitir por motivo exclusivo de la edad». En aquellos años, Ratzinger era prefecto de la CDF, y conociendo el dictamen del cardenal, lo aprovechó en su beneficio.
Octavo motivo.
El 28 de febrero, Benedicto XVI debería haber ratificado de manera oficial su renuncia al papado anunciada el 11 de febrero, y sin embargo se limitó a dirigir un saludo informal a los peregrinos, sustituyendo Sumo Pontífice por una expresión quizá usada hace algunos siglos, pero que hoy no tiene sentido: «Sabéis que este mi día es distinto a los anteriores; ya no soy Pontífice Supremo de la Iglesia católica: hasta las ocho de la tarde lo seré aún, pero después ya no».
Noveno motivo.
La Declaratio ha desaparecido, y por tanto no poseemos ninguna renuncia firmada por Benedicto XVI canónicamente válida. Solícitos desde diversos ámbitos, en el Vaticano se han negado a dar respuestas al respecto.
Décimo motivo.
Resulta perfectamente ocioso sostener que las irregularidades en la redacción de la Declaratio por parte del Pontífice hayan influido en la licitud y no en la validez de la renuncia. La idea según la cual Bergoglio fue elegido válidamente porque fue escogido por la mayoría de los cardenales sin ninguna oposición, no es más que puro oportunismo estratégico. Del mismo modo, sostener que, aunque la elección fuera inválida, las eventuales carencias han sido de hecho subsanadas por el ejercicio activo del ministerio, es simplemente una conveniencia ideológica que no halla ningún respaldo en el CIC, y además choca frontalmente con la Universi Dominici Gregis (3). Es superfluo añadir que a la mafia vaticana no le importaba en absoluto el Derecho Canónico, pues solo le interesaba eliminar a Benedicto XVI.
La broma de carnaval.
Ya nos hemos preguntado por qué Benedicto escribió una Declaratio aparentemente ambigua y de dudoso significado, pero no falta una clave de lectura bastante convincente. Karl Valentin, pseudónimo de Valentin Ludwig Fey (1882-1948), fue un cantante, actor y cabaretista muy admirado por Joseph Ratzinger; baste pensar que, cuando era seminarista, recorrió 15 km a pie para ir al cementerio y rezar sobre la tumba del actor. En Últimas conversaciones, Ratzinger cuenta que Hitler le dijo al cómico: «“Señor Valentin, usted me ha hecho reír a carcajadas muchas veces”. Y él: “Usted, en cambio, nunca me ha hecho reír”». El 4 de enero de 1989, al card. Ratzinger le fue conferido el “Orden de Karl Valentin” por la asociación carnavalesca Narrhalla, la más antigua y célebre de Múnich. El premio le fue otorgado a Ratzinger en particular por dos motivos: 1) era el más ilustre bávaro viviente admirador del cómico; 2) por su capacidad para interpretar el espíritu de Valentin: su lógica invertida, la astuta ironía, la sutileza argumentativa, la capacidad de autoirónica y el humor. En 1989, el cardenal era prefecto de la CDF, aparentemente cuanto de más alejado pueda existir de una orden bufonesca.
Agradeciendo el honor, el cardenal dijo: «Una orden bufonesca, mediante la cual nos burlamos de nosotros mismos y de la seriedad del gran mundo, es algo bueno. Y por eso mismo la he recibido con gusto. Algunos han puesto en duda que esto se acuerde con una ocupación tan seria como la mía. A mí me parece que encaja perfectamente, pues, como es sabido, poder decir la verdad es el privilegio de los locos. En las cortes de los antiguos potentados, el bufón era a menudo el único que podía permitirse el lujo de la verdad… Y como por mi oficio me toca decir la verdad, estoy realmente feliz de haber sido aceptado ahora en la categoría de quienes gozan de ese privilegio… «Nosotros somos locos por amor a Cristo»» (1Cor 4,10). El 5 de agosto de 2006, se le hizo esta pregunta a Benedicto XVI: «En 1989, en Múnich, le fue otorgada la distinción del Karl Valentin Orden. ¿Qué papel juegan en la vida de un Papa el humor y la ligereza de ser?». Respuesta: «(ríe) Yo no soy un hombre al que se le ocurran constantemente chistes. Pero saber ver también el aspecto divertido de la vida y su dimensión gozosa, y no tomar todo tan trágicamente, esto lo considero muy importante, y diría que es incluso necesario para mi ministerio. Un escritor había dicho que los ángeles pueden volar porque no se toman demasiado en serio. Y quizá nosotros también podríamos volar un poco más si no nos diéramos tanta importancia».
El cómico bávaro —definido también como el «Charlie Chaplin alemán»— creó un tipo de comicidad basada en el paradójico desorden literal del lenguaje; amaba los juegos de palabras, en el teatro comenzaba con un malentendido, desarrollándolo durante la representación, y Benedicto lo imitó. Cuando el 4 de febrero de 2013 la Oficina de Celebraciones Litúrgicas anunció un Consistorio Ordinario Público para el 11 del mismo mes, motivado por la causa de canonización de algunos santos, la broma de Ratzinger ya estaba lista desde hacía tiempo. La Declaratio fue pronunciada el 11 de febrero, memoria de la Virgen de Lourdes, pero también lunes de carnaval, el mismo día en que murió Valentin. Benedicto XVI se burló de los enemigos de la Iglesia y, sin renunciar al papado, se declaró en sede impedida, anulando automáticamente la elección de un nuevo Pontífice.
En el mes de agosto, LifeSiteNews recordó la iniciativa del exmagistrado Angelo Giorgianni, quien el 11 de marzo envió al card. Parolin un escrito exponiendo dos motivos de invalidez del cónclave de 2025. El 9 de abril, el mismo magistrado envió otro escrito al Secretario de Estado Vaticano, sobre un tercer motivo de irregularidad del cónclave. La iniciativa de Giorgianni es sin duda encomiable, pero es obvio que no recibirá ninguna respuesta razonable por parte de los cómplices de Prevost. También merecen aplauso las iniciativas de Andrea Cionci, pero las atenciones que el periodista ha recibido hasta ahora del Vaticano no son más que potentes anestésicos que, además, no favorecen un despertar sereno. En este estado de «sedación canónica», Cionci imagina que la Santa Sede depondrá pronto a León XIV, y convocará un cónclave compuesto por cardenales elegidos por Benedicto XVI (?!). Es impensable creer que se pueda resolver la actual sede vacante gracias a las iniciativas del Vaticano, porque Satanás no tiene el arrojo de expulsar a Satanás: «Ahora, si Satanás expulsa a Satanás, está dividido contra sí mismo; ¿cómo, pues, podrá subsistir su reino?» (Mt 12,26).
El poder anticristiano gestionado por León XIV, denunciado con razón tanto por Viganò como por Cionci, quizá sufra otros cismas, sin embargo seguirá firmemente en pie hasta que —como anuncian muchas profecías— sea aniquilado por la intervención poderosa y extraordinaria de Dios. Así lo dijo el Señor a una mística estadounidense en el mes de julio: «Esta Hora, la más oscura de todas, debe ser atravesada; la copa amarga debe ser bebida; las lágrimas y el dolor deben ser sentidos». Quien tenga fe está advertido: debemos estar preparados para vivir tiempos extremadamente tenebrosos.
Antonio Romano