(a partir de 10mn55 )

Estamos muy lejos de la verdadera envergadura de la reforma litúrgica que siguió al Concilio Vaticano II y que lo cambió todo, ¡con el Misal de san Pablo VI!!

Además, el Misal de 1965 llevaba a cabo los pequeños cambios que el Concilio deseaba efectivamente. Por tanto, es falso afirmar que la Misa y el calendario actuales derivan directamente del Concilio.

Recuerdo de la opinión de Mons. Lefebvre sobre el Misal de 1965
… ¿debemos concluir que había que mantener sin cambio alguno todos estos elementos [los elementos del Misal de 1962 modificados por el de 1965]? El Concilio, con mesura y prudencia, respondió negativamente. Había que reformar algo y rescatarlo.

Es claro que la primera parte de la Misa, destinada a instruir a los fieles y hacerles expresar su fe, necesitaba alcanzar esos fines de modo más nítido y, hasta cierto punto, más inteligible. En mi humilde parecer, dos reformas en este sentido parecían oportunas: en primer lugar, los ritos de esta primera parte y algunas traducciones a la lengua vernácula.

Hacer que el sacerdote se acerque a los fieles, se comunique con ellos, rece y cante con ellos, que se coloque, por tanto, ante el ambón, que en su lengua verbalice la oración, las lecturas de la Epístola y del Evangelio; y que el sacerdote cante con los fieles, dentro de las divinas melodías tradicionales, el Kyrie, el Gloria y el Credo. En esto consistían tantas y tan felices reformas que contribuyen a devolver a esta parte de la Misa su verdadero fin. Que la disposición de esta parte doctrinal se realice ante todo en función de las misas cantadas del domingo, de modo que estas misas sean el modelo según el cual se adapten los ritos de las demás, son otros tantos aspectos de renovación que parecen excelentes. Añadamos ante todo las directrices necesarias para una predicación auténtica, sencilla, conmovedora, firme en la fe y determinante en las resoluciones. Este es uno de los puntos más importantes que deben obtenerse en el renuevo litúrgico de esta parte de la Misa.

Para los sacramentos y los sacramentales, el uso de la lengua de los fieles parece aún más necesario, puesto que les atañe más directamente y de modo más personal.

(Artículo del 6 de junio de 1965, aparecido en Itinéraire)