Introducción

«María Santísima, Reina de la Paz, destierra todo temor de los corazones de Tus hijos».

La Arquidiócesis de San Antonio ha dictado sentencia en el caso del Padre John Mary, declarándolo culpable de cisma, cuya pena es la excomunión. Asimismo, han decretado la expulsión del Padre John Mary del estado clerical, comúnmente conocida como reducción al estado laical. Estas decisiones han sido confirmadas por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe del Vaticano.

Creemos que esta sentencia y estas penas son injustas. Pero también creemos que el Señor no nos pide apelar la sentencia.

Humanamente hablando, se nos ha aconsejado que contamos con sólidos fundamentos para apelar en cuanto al fondo del caso, que tratamos con mayor detalle más abajo.[1] Pero también creemos que las realidades prácticas del actual Vaticano y de la jerarquía, tan profundamente infiltrados por el enemigo, pesan gravemente en contra de una apelación exitosa. Por ejemplo, apelaríamos ante Víctor Manuel Fernández en el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, quien lleva una responsabilidad significativa por muchas de las acciones más preocupantes del actual Vaticano, incluida la autoría de Fiducia Supplicans.[2] Y toda decisión definitiva recaería en Robert Prevost (León), de quien el Señor ha dicho que es un usurpador que trabaja para socavar Su Iglesia.[3] Parecería incoherente apelar en busca de justicia ante un usurpador.

Aún más importante, en el discernimiento orante, percibimos que el Señor no nos alentaba a apelar, sino a aceptar por ahora esta injusticia como parte de nuestro camino particular en la Reconquista. En un Mensaje privado para el Padre John Mary que la Hermana Amapola recibió poco después de la notificación de la sentencia, el Señor dijo:

Apelar ante un juez humano que no camina Conmigo no servirá de mucho.… Pero, hijo mío, Nuestro Plan debe avanzar; y para ello es necesario que, así como Mi Jesús fue rechazado por quienes tenían poder, porque Yo lo permití, aunque no les correspondía por justicia, así también vosotros [plural] … habéis sido rechazados por decir y hacer lo que os he mandado. (30 de abril de 2026)

Por estas razones, hemos decidido no apelar.

También creemos que, dada la crisis que afronta la Iglesia, Dios pide al Padre John Mary que continúe su ministerio sacerdotal.

En esta respuesta, queremos abordar estos asuntos con mayor detenimiento.

Pero antes, nosotros, de la Misión de la Divina Misericordia (MDM), somos católicos y afirmamos todo lo que pertenece a la fe católica, incluido el papel que Jesús dio a San Pedro y a sus legítimos sucesores. No tenemos intención alguna de abandonar jamás la Iglesia católica. Lejos de rechazar a la Iglesia, estamos haciendo cuanto está en nuestro poder para defenderla, incluso poniendo en riesgo todo nuestro ministerio.

Pedimos disculpas si alguna de nuestras palabras o acciones no ha sido verdaderamente caritativa. No pretendemos ser desobedientes ni irrespetuosos con la jerarquía legítima de la Iglesia. Sin embargo, creemos que Dios nos pide un testimonio profético precisamente en defensa de Su Iglesia.

No tenemos todas las respuestas a tantas preguntas difíciles que plantea toda esta controversia. No somos expertos, ni teólogos, ni canonistas. Simplemente tratamos de ser obedientes a Dio

Cinco puntos clave

Queremos comenzar identificando cinco puntos clave. Para los partidarios de larga data, mucho de esto será terreno conocido, pero para quienes solo han llegado a conocer la MDM a través de los Mensajes, les dará una mejor comprensión de cómo hemos llegado hasta aquí. También sirve como breve panorama para quienes disponen de poco tiempo.

  • Primero, todos debemos escuchar a Dios. Esa es la razón misma de la existencia de nuestra pequeña Misión de la Divina Misericordia. Escuchar a Dios incluye las palabras proféticas que Él ha dado a lo largo de la historia de la Iglesia, y que continúa dando hoy.

  • Segundo, estas palabras proféticas nos ayudan a comprender lo que está sucediendo en la Iglesia ahora mismo. La Iglesia, el Cuerpo Místico de Cristo, sigue a su Señor al atravesar verdaderamente hoy su propia Pasión. Y esa Pasión incluye algo casi inimaginable: dos usurpadores sucesivos en el trono de Pedro.

  • Tercero, la MDM no es culpable de cisma según la propia ley de la Iglesia. No rechazamos el papado. Rehusamos someternos a hombres que, en conciencia, creemos que no son verdaderos papas. Por tanto, creemos firmemente que la sentencia contra nosotros no está ni canónicamente justificada ni es válida a los ojos de Dios.[4]

  • Cuarto, la verdadera obediencia es santa. Siguiendo el ejemplo de Nuestro Señor Jesús, debemos obedecer siempre a Dios Padre. Habitualmente, eso significa someternos a los obispos de la Iglesia cuando actúan justamente. Pero no significa, ni puede significar, someterse a usurpadores en sus esfuerzos por destruir la Iglesia.

  • Por último, la MDM continuará su ministerio. Y queremos decir más acerca de ello y de lo que significa para nuestros partidarios, especialmente en una situación que causa tanta confusión y división. El Espíritu Santo nos llama a vivir estas tensiones con paciencia, humildad y, sobre todo, caridad, incluso hacia aquellos con quienes discrepamos. Él nos conducirá a través de esta prueba hacia la gran renovación de Su Iglesia.

Ahora queremos desarrollar cada uno de estos cinco puntos. Esperamos que esto les ayude tanto a comprender mejor la situación de la MDM como a discernir por ustedes mismos.

 

1. Escuchar a Dios

En el corazón de la Misión de la Divina Misericordia hay algo muy sencillo: un deseo de escuchar a Dios.

Creemos que no existe solución humana para los peores problemas que enfrenta hoy el mundo y la Iglesia. La única solución es Dios. La buena noticia es que Dios quiere actuar. Y la Escritura nos muestra, desde el principio hasta el fin, que una de las maneras en que Él actúa y habla repetidamente es por medio de profetas.

Y eso no cesó con la muerte del último Apóstol. De hecho, Santo Tomás de Aquino enseña que Dios continúa suscitando profetas en cada época, no para proclamar nuevas doctrinas, sino para guiar nuestras acciones.[5]  Pensemos en San Vicente Ferrer, Santa Catalina de Siena, Santa Margarita María, Santa Faustina, San Juan Bosco, por mencionar solo algunos.

En el mundo actual, y quizás especialmente en la Iglesia, donde los canales ordinarios que deberían proclamar la verdad a menudo no funcionan bien, Dios continúa hablando y actuando, incluso mediante palabras proféticas. Pero las verdaderas palabras proféticas son exigentes. Y el Evangelio también nos advierte acerca de los falsos profetas. Necesitamos pastores capaces de ejercer verdadero discernimiento y prudencia. Como dice San Pablo: «No extingáis el Espíritu Santo. No despreciéis las profecías, sino examinadlo todo; retened lo bueno» (1 Tes 5,19-21).  Tristemente, esa clase de apertura discerniente al Espíritu Santo parece faltar a menudo hoy en la jerarquía de la Iglesia.

La Escritura muestra, una y otra vez, las terribles consecuencias de ignorar las advertencias de Dios. Pero, aún más, las gracias que fluyen cuando Sus palabras son acogidas.

La Iglesia necesita volver al espíritu evangélico de una fe sencilla en Dios que, con libertad soberana, continúa actuando y hablando de maneras sorprendentes por amor y misericordia hacia Sus hijos. Un brillante ejemplo hoy de un obispo abierto al Espíritu Santo y a las gracias proféticas es el obispo Joseph Strickland, especialmente en sus mensajes Pillars of Faith.[6] Estos mensajes son sencillos, prudentes y valientes. Son palabras dignas de un verdadero sucesor de los apóstoles y, por estas razones, los citaremos varias veces a lo largo de esta declaración. Aunque deseamos dejar claro que él no respalda nuestra declaración ni está asociado a ella.

Hablando del tema relacionado de las apariciones marianas, el obispo Strickland dijo:

En nuestros propios días ha ocurrido algo sin precedentes. Las apariciones marianas ya no se disciernen principalmente por su verdad.… Se las juzga según sean manejables y no perturbadoras.… Esto no es prudencia. Esto no es discernimiento. Esto no es cuidado de los fieles. Esto es contención. Y debería aterrorizarnos.… Esta es la hora no de … silencio, sino de fidelidad.[7]

Desde hace más de treinta años, el Señor viene formando a la MDM en esta exigente escuela de escuchar y discernir Sus palabras proféticas pronunciadas hoy. Esta larga formación, fecunda pero ardua, es la que nos ha llevado a dar estos pasos controvertidos. El camino profético suele ser controvertido. Pero está en la raíz de nuestra fe católica. Cada domingo, en el Credo, profesamos nuestra fe en el Espíritu Santo que «ha hablado por los profetas».

 

2. La Pasión de la Iglesia

Así pues, las palabras proféticas son una de las maneras en que el Señor nos ha guiado. Muchas de estas palabras se refieren a la situación actual de la Iglesia.

Mensajes a la MDM

Los Mensajes confiados a nuestra Misión hablan de la Iglesia, el amado Cuerpo Místico de Cristo, que sigue a su Señor en Su Pasión y muerte para participar finalmente de Su resurrección y triunfo.

Revelan que en esta inmensa prueba:

  • la jerarquía está infiltrada y profundamente corrompida;

  • la fe está siendo distorsionada;

  • y, de manera más controvertida, que Jorge Bergoglio (Francisco) y Robert Prevost (León) son usurpadores, o falsos papas.

En un temprano Mensaje de la Reconquista, después de hablar de Su Pasión y muerte, Jesús dice:

Hijos: esta es una vez más la Hora más negra, de una oscuridad aún más profunda y horrenda, porque ahora la traición ocurre con pleno conocimiento y con almas que llevan el Sello de la Redención.[8] (No rechacéis Mi don)

Para muchos, estas revelaciones proféticas resultarán impactantes y muy perturbadoras. También pueden preguntarse si esta idea de la «Pasión de la Iglesia» es simplemente una noción extraña y marginal de nuestra parte.

No lo es. Como se trata más abajo, la creencia de que la Iglesia debe atravesar su propia Pasión a imitación de su Señor es una enseñanza fundamental de la Iglesia, plenamente inserta en la tradición católica, y de la que hablan santos, místicos, estudiosos y el Catecismo de la Iglesia Católica.

Y nuestros Mensajes, lejos de ser un rechazo de la Iglesia católica, son una proclamación de su misterio divino y de la fe en su renovación final.

Pasión

El Catecismo, al resumir la Sagrada Escritura y la Tradición, enseña que «la Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua, en la que seguirá a su Señor en Su Muerte y Resurrección» (CIC, 675, 677).

Como Jesús crucificado, la Iglesia será traicionada, humillada, torturada, y parecerá vencida y muerta.

Esta es una verdad tan crucial, y sin embargo comprobamos que muchísimos católicos la desconocen por completo. Por ello conviene repetirlo: el propio Catecismo enseña que la Iglesia debe, no que puede, sino que debe atravesar su propia Pasión de terrible sufrimiento y traición antes de ser renovada en gloria.

Varias apariciones marianas modernas advierten sobre esta prueba.[9] En Akita, una aparición mariana aprobada, Nuestra Señora advierte:

La obra del demonio se infiltrará incluso en la Iglesia de tal modo que se verá a cardenales oponerse a cardenales, a obispos contra obispos. Los sacerdotes que me veneren serán despreciados y combatidos por sus hermanos … la Iglesia estará llena de quienes acepten compromisos y el demonio presionará a muchos sacerdotes y almas consagradas para que abandonen el servicio del Señor.[10]

Santos modernos como Faustina, el Padre Pío y el papa Juan Pablo II han indicado que esta prueba se aproxima rápidamente o ya está aquí.

Según se informa, San Padre Pío dijo al Padre Gabriel Amorth, el difunto exorcista jefe de Roma: «Es Satanás quien ha sido introducido en el seno de la Iglesia y dentro de muy poco tiempo llegará a gobernar una falsa Iglesia».[11]

En 1976, el cardenal Karol Wojtyla, el futuro papa Juan Pablo II, dijo: «Ahora nos enfrentamos a la confrontación final entre la Iglesia y la anti-Iglesia, entre el Evangelio y el anti-Evangelio».[12]

Y los observadores contemporáneos también lo perciben. El obispo Strickland lo expresó así: «Ahora mismo, la Iglesia no está entrando en un momento de gloria. Está ascendiendo al Calvario».[13]

Así pues, una vez más, esta noción de que la Iglesia atraviesa su Pasión no es algo «extraño» en nuestros Mensajes. Es una parte firme, aunque demasiado a menudo descuidada, de la enseñanza católica. Y un número creciente de personas percibe que está sucediendo ahora.[14]

Francisco y León

Y es precisamente con esta comprensión de la Pasión de la Iglesia como podemos entender mejor a Francisco y a León. Católicos tanto sencillos como eruditos se han sentido profundamente perturbados por la confusión difundida audazmente por Francisco, y ahora, más sutilmente, por León. De hecho, algunos estudiosos católicos han ido más lejos. Considerando toda la herejía, los problemas doctrinales y el profundo daño causado a la Iglesia por Francisco y León, algunos sostienen que es más fácil reconciliar las enseñanzas católicas sobre la infalibilidad y la indefectibilidad con que estos hombres sean usurpadores y antipapas, que con que sean verdaderos papas.[15]

El obispo Strickland, al ofrecer una profunda reflexión sobre la verdadera autoridad y la obediencia en la Iglesia, advirtió acerca de la posibilidad de una falsa autoridad:

También debemos ser conscientes de la posibilidad de que en algún momento Dios permita que un impostor se siente en la cátedra de Pedro…. la verdadera Iglesia permanecerá intacta, aunque quizá, durante un tiempo, tenga que regresar a las catacumbas.[16]

Respecto de Francisco, el difunto cardenal Pell escribió: «Comentaristas de todas las corrientes … coinciden en que este pontificado es un desastre en muchos o en la mayoría de los aspectos; una catástrofe».[17]

El estudioso inglés John Rist dijo que el daño causado por Francisco podría ser peor que todo lo que la Iglesia ha experimentado anteriormente.[18]

Y el obispo Strickland escribió sin rodeos: «Francisco ya no enseña la fe católica».[19] En otro lugar dijo que el Vaticano de Francisco está «desmantelando … la Iglesia de Cristo[,] reemplazándola … por una nueva estructura de ‘sinodalidad’ inspirada diabólicamente que … es una nueva Iglesia en modo alguno católica».[20]

¿Y León? El obispo Strickland señala que el propio León «insiste en que está continuando lo que inició su predecesor».[21] Strickland denomina esto «una estrategia más astuta» del enemigo, en la cual el enemigo «reviste el error con ropajes tradicionales»,[22] observando que, aunque el Vaticano de León a menudo parece tradicional y católico:

  • «El mensaje a menudo no lo es.

  • Los nombramientos no lo son.

  • El silencio ante el error no lo es.

  • La permanencia de voces heterodoxas en posiciones de poder no lo es.

  • La ambigüedad en la enseñanza moral no lo es».[23]

Seamos claros. El obispo Strickland no acusa a Francisco ni a León de ser falsos papas, como lo hacen nuestros Mensajes. Pero lo que él y muchos otros comentaristas han dicho sobre la destrucción que estos hombres han causado a la Iglesia concuerda en muchos aspectos con lo que creemos ser la luz divina de nuestros Mensajes.

Las puertas del infierno

Sabemos que para muchos católicos fieles hablar de Francisco y León como usurpadores resulta impactante y muy difícil de aceptar. Y algunos podrían preguntar: ¿No contradicen tales afirmaciones la promesa de Nuestro Señor de que las puertas del infierno no prevalecerán contra Su Iglesia (Mt 16,18)? Es una pregunta importante que esperamos abordar más plenamente en un futuro próximo. Aquí limitaremos nuestra respuesta a varios puntos breves.

Primero, Jesús nunca prometió que nos libraría de antipapas, usurpadores o de la ausencia temporal del papado en un tiempo de crisis.[24] Y nunca prometió que la Iglesia se libraría de una terrible prueba para la cual no existe solución humana. Lo que sí prometió es que Su Iglesia triunfará al final. Esa es la promesa en la que podemos confiar plenamente.

Pero esta promesa debe entenderse a la luz del Misterio Pascual, de Nuestro Señor y de Su Cuerpo Místico, la Iglesia.

Hemos visto que el Catecismo enseña que la Iglesia imitará a su Señor en Su Pasión. Pensemos en lo que eso podría significar. Durante la Pasión de Jesús, el Padre permitió que Su protección divina fuera retirada por un tiempo. Pareció abandonar a Su Hijo. El resultado: la antes inimaginable blasfemia de la tortura y el asesinato de Dios mismo, y Su abandono por casi todos Sus seguidores. ¿Habían triunfado las puertas del infierno? Sin duda, así debieron sentirlo muchos durante aquellas terribles horas del Viernes Santo y del Sábado Santo.

Y si la Iglesia de Jesús debe imitarlo en este sufrimiento, ¿no deberíamos esperar que su sufrimiento sea tan terrible, tan misterioso, que una vez más, para muchos, las puertas del infierno parezcan haber triunfado? Recordemos que el Catecismo dice que la severidad de la prueba de la Iglesia «sacudirá la fe de muchos creyentes».

Pero, por supuesto, es precisamente en la fe como sabemos lo que realmente sucede. El infierno no venció hace dos mil años, y el infierno no vencerá ahora. Jesús, en Su Resurrección, triunfó sobre las puertas del infierno. Sabemos que Su Cuerpo Místico, la Iglesia, por más atacado, abandonado o traicionado que sea, triunfará finalmente también. Aunque no sepamos cómo ni cuándo.

Esa victoria no depende de ningún hombre, sino de Dios. Como dijo el obispo Strickland:

Es importante recordar que nuestra esperanza no está en líderes humanos, sino únicamente en Cristo.… Cristo es la Cabeza de la Iglesia y jamás abandonará a Su Esposa. Aunque los hombres fallen, Dios proveerá lo necesario para la preservación de la Iglesia.… Porque nuestra esperanza no está en los hombres. Nuestra esperanza está en Jesucristo, que reina sobre Su Iglesia incluso cuando sus administradores son infieles.[25]

 

3. Cisma y excomunión

Es en estas circunstancias, la Pasión de la Iglesia, donde el Padre John Mary ha sido acusado de cisma y declarado excomulgado. Creemos que estas acciones son injustas. Como afirmamos al principio, profesamos todas las enseñanzas de la Fe católica, incluida la autoridad del verdadero papado, y no tenemos intención de abandonar la verdadera Iglesia católica que Nuestro Señor Jesús estableció.

¿Cisma?

¿Qué es el cisma?  Es la negativa a someterse al papa.[26] A diferencia de la herejía o la apostasía, el cisma no implica rechazar ninguna verdad de la fe católica.[27]

El Padre John Mary fue acusado de cisma porque nosotros, la Misión de la Divina Misericordia, hemos publicado Mensajes que identifican tanto a Francisco como a León como usurpadores y no como papas válidos. Y porque creemos, tras un largo y orante discernimiento, que estos Mensajes proceden verdaderamente de Dios, nosotros, en conciencia, debemos retirar nuestra obediencia a estos hombres.

¿Hace esto cismático al Padre?

No, si estos Mensajes son auténticos. Si estos hombres no son papas, el Padre no puede ser cismático por no someterse a ellos.

Pero ¿qué ocurre si estamos equivocados y estos Mensajes no son de Dios, y Francisco y León son verdaderos papas?[28] ¿Hace eso cismático al Padre?

No. Eminentes canonistas y teólogos han sostenido desde hace mucho tiempo que una persona que retira su sumisión debido a dudas sinceras y graves sobre la validez de un papa no es culpable de cisma: no rechaza el papado, sino que rehúsa someterse a un hombre que cree que no es el papa.[29]

Y aunque nuestra sincera creencia en los Mensajes fue lo que nos impulsó a declarar públicamente que Francisco y León son usurpadores, las dudas sobre estos hombres no se limitan a nuestra situación y a nuestros Mensajes. Varios estudiosos y comentaristas católicos de reputación ofrecen motivos para tales dudas basándose únicamente en evidencia humana.[30]

Así pues, nuevamente, creemos que el Padre no es cismático y que esto quedará claro en el tiempo del Señor. Encomendamos el juicio final sobre este asunto a la verdadera autoridad de la Iglesia una vez que Dios haya disipado la presente confusión.

¿Excomunión?

La acusación de cisma ha dado lugar a que el Padre sea condenado a la excomunión, lo que, de ser válida, significaría esencialmente que el Padre ha perdido la comunión con la Iglesia y no tiene permitido ni celebrar ni recibir los sacramentos hasta que se arrepienta de su falta.

Esta es una pena grave; lo último que él o nosotros deseamos es estar fuera de la Iglesia de Cristo, y si creyéramos que la excomunión es válida y merecida, nada justificaría incurrir en ella.

Pero la excomunión puede imponerse injustamente. San Atanasio, San Arialdo, Santa Juana de Arco y Santa Mary Mackillop fueron todos excomulgados, y sin embargo posteriormente reivindicados como hijos e hijas fieles de Cristo.

Y por encima de todo está el ejemplo de Nuestro Señor, que murió expulsado de la misma institución que Dios había establecido como prefiguración y símbolo de Su Iglesia. Por tanto, no todas las excomuniones son justas y válidas a los ojos de Dios, y creemos que ese es también el caso en la situación del Padre.

¿Expulsión del estado clerical, o reducción al estado laical?

La segunda pena impuesta al Padre es la expulsión del estado clerical, comúnmente llamada reducción al estado laical. Una vez más, tomamos esta pena muy en serio, pero, como ocurre con la pena de excomunión, creemos que es injusta y que, por obediencia a Dios, el Padre no puede someterse a ella.

Es importante comprender qué hace y qué no hace esta pena. La propia ley de la Iglesia deja claro que la ordenación sagrada, una vez recibida válidamente, nunca se deshace (Canon 290)[31] — un sacerdote es sacerdote para siempre, «según el orden de Melquisedec». La expulsión del estado clerical no elimina el sacerdocio ni el poder de confeccionar los sacramentos; solo prohíbe al sacerdote, por parte de quienes ostentan autoridad, ejercer ese poder (Canon 292).[32] Así, los sacramentos que celebra tal sacerdote siguen siendo reales: en particular, en la Misa la hostia continúa convirtiéndose en el Cuerpo de Nuestro Señor y, en ciertos casos, aún puede absolver válidamente.[33] Las autoridades calificarían estos actos de válidos pero ilícitos, es decir, verdaderos pero realizados sin permiso.

Pero creemos que en el caso del Padre serían tanto válidos como lícitos a los ojos del Señor.

 

4. Responder a una crisis sin precedentes

¿Cómo debemos entonces responder a esta pena que creemos injusta e inválida? ¿Y cómo deben responder quienes creen en los Mensajes y se sienten llamados a participar en la Misión de la Divina Misericordia? Antes de examinar directamente estas preguntas, consideremos primero qué orientación da la Iglesia para responder a una crisis.

¿Estamos en una crisis?

Nuestros Mensajes y una abundancia de evidencia humana indican que la Iglesia se encuentra en una crisis sin precedentes.

Una vez más, sabemos que muchos buenos católicos desconocen esta crisis porque la vida de su propia parroquia parece normal.

Eso es comprensible, pero muchos católicos vigilantes son conscientes de ello, incluido el obispo Strickland, quien afirmó categóricamente: «La Iglesia se encuentra en una emergencia»[34] y que está «siendo desmantelada, no por sus enemigos de fuera, sino por quienes están dentro de sus muros y cambian el Evangelio de Jesucristo por la aprobación del mundo.… Las ovejas están dispersas. Los lobos llevan mitras».[35]

Como confirman nuestros Mensajes, esto no es exageración.

El historiador Darrick Taylor escribió recientemente que «la afirmación de que la Iglesia evidentemente no se encuentra en un estado de emergencia parece, bueno, parece delirante hasta el punto de la locura, como propia de alguien que sufre una ruptura psicótica con la realidad». Entre las pruebas más contundentes que señala Taylor se encuentran tres documentos vaticanos escritos o autorizados por Francisco y hasta ahora ratificados por León: Amoris Laetitia, la declaración de Abu Dabi, y Fiducia Supplicans, todos los cuales «contradicen abiertamente una enseñanza católica que no solo es antigua, sino que está contenida en la Revelación divina».[36] Los supuestos Vicarios de Cristo están desafiando a Cristo en sus enseñanzas públicas, supuestamente magisteriales. ¿Cómo no sería eso una emergencia?

Coincidimos con Taylor en que las acciones de Francisco y León por sí solas bastan para dar la alarma. Pero es aún peor. Con dolorosísimas pocas excepciones, los pastores de la Iglesia guardan silencio o, peor aún, manifiestan abiertamente su apoyo mientras Francisco y León sabotean la enseñanza de Cristo. Seguramente esta es una razón importante por la que tantos católicos desconocen la crisis: si sus propios obispos no ven problema alguno, no debe de haberlo. El silencio de los obispos niega a los católicos la guía que los pastores les deben y agrava enormemente la emergencia. ¿Es sorprendente, entonces, que Dios suscite voces proféticas para dar la alarma?

Obediencia a Dios

¿Cómo nos llama el Señor a responder cuando la jerarquía se ha corrompido? Obedeciéndolo. Obedeciendo Su Evangelio. Obedeciendo las enseñanzas perennes de la Iglesia. Incluso si esto significa retirar la obediencia a autoridades humanas corruptas cuando sea necesario.

Por tanto, no estamos llamados a rechazar la obediencia, sino a vivirla en la verdad.

Desde los primeros Mensajes que recibió la Hermana Amapola, el Señor ha subrayado la importancia de la santa obediencia. En 2018, le dio toda una reflexión sobre este tema y nos hizo compartirla con nuestro Arzobispo. Subrayaba la importancia de la obediencia, pero también cómo comprenderla correctamente.

En el Mensaje, el Señor dijo que existe «una diferencia extrema entre la obediencia dada a los hombres y la obediencia dada a Mí», y que la obediencia humana debe estar al servicio de la obediencia a Dios, pero con demasiada frecuencia no lo está.

Es una reflexión muy útil sobre lo que son la verdadera obediencia a Dios y al hombre, y los alentamos a leer el Mensaje completo.[37]

Debemos siempre obedecer a Dios. El obispo Strickland, al resumir la enseñanza de Santo Tomás de Aquino,[38] dice: «Se debe obedecer a Dios en TODAS las cosas, pero se debe obedecer a las autoridades humanas en CIERTAS cosas».[39] Y nuestra obediencia debe estar guiada por la ley suprema de la Iglesia: la salvación de las almas.[40]

Normalmente, la obediencia a Dios incluye la obediencia a las autoridades humanas, civiles y religiosas, pero a veces, como en una crisis, las circunstancias pueden cambiar. El obispo Strickland advierte del peligro cuando una jerarquía corrupta convierte la obediencia en un arma contra el Depósito de la Fe:  

Cuando la Iglesia es débil y su liderazgo terrenal está gravemente corrompido … no hay nada más grave que la comprensión distorsionada de la autoridad y la obediencia que ahora encontramos tan extendida.… la misma obediencia instituida divinamente por Dios … es convertida en arma por algunos para servir a sus propios intereses y apartar de la verdad a los desprevenidos.[41]

Esta es la razón por la que tantos católicos se sienten confundidos y desorientados. Con demasiada frecuencia se les pide que comprometan su fe, sobre Cristo como único camino de salvación, sobre la debida veneración de María, sobre la verdad acerca del matrimonio y la sexualidad y sobre muchas otras verdades, todo ello en obediencia a una jerarquía corrupta que está dejando de obedecer a Dios.

¿Y cómo deben responder los fieles a esta instrumentalización de la obediencia? Una vez más, el obispo Strickland:

[C]uando el uso de la autoridad causa daño a una verdad divina, como cuando un sacerdote o un obispo pone en cuestión el Depósito de la Fe … entonces cualquiera tiene derecho, e incluso el deber solemne, de resistir ese error, sin importar las consecuencias potencialmente negativas que pueda afrontar.[42]

Un derecho, incluso un deber solemne de resistir el error. Incluso si se les ataca por hacerlo. Incluso si se les llama «desobedientes».

¿Y serían desobedientes a Dios en este caso? No, como señala el obispo Strickland:

Lejos de violar el principio católico de la obediencia, esta resistencia a un abuso de autoridad en realidad consolida y fortalece el principio de la obediencia, porque es obediencia a la autoridad suprema: Jesucristo.

[M]uchos santos y doctores de la Iglesia … nos han hablado de un tiempo que llegará en el que será necesario que los fieles se opongan a quienes parecen estar en «autoridad» dentro de la jerarquía.[43]

Así pues, el obispo Strickland no niega la importancia de la santa obediencia correctamente entendida, sino que reconoce cómo puede ser y está siendo abusada.

Ejemplos

Consideremos a tres santos: el Padre Pío, Atanasio y Juana de Arco. Todos se esforzaron por obedecer a Dios. Todos se esforzaron por salvar almas.

El Padre Pío obedeció a los superiores de su Iglesia incluso cuando su disciplina era injusta, discerniendo que Dios le pedía esta obediencia humilde y sacrificial.

El discernimiento de Atanasio condujo a una respuesta diferente. Viviendo en el siglo IV, cuando la abrumadora mayoría de los obispos había abrazado la herejía arriana, Atanasio permaneció fiel a Jesús. Excomulgado por cientos de obispos, e incluso brevemente por el papa, Atanasio no obstante continuó su labor. Para defender la fe, ordenó sacerdotes en diócesis ajenas a la suya. Ejerció su ministerio y consoló a los fieles, que a menudo debían reunirse en lugares improvisados para el culto, alentándolos a rehusar someterse a obispos heréticos o asistir a sus liturgias. Famosamente dijo a los fieles: «Ellos tienen los locales [los edificios de las iglesias], pero vosotros tenéis la Fe Apostólica».[44] Todo esto lo hizo Atanasio en obediencia a Dios.

Juana de Arco recibió la orden de un tribunal eclesiástico de repudiar sus revelaciones celestiales por ser falsas y proceder del diablo. Conociendo las terribles penas a las que se exponía por negarse, ser excomulgada y quemada en la hoguera, sin embargo se negó. No podía repudiar lo que Dios le había revelado como verdadero.[45]

Tres grandes santos. Tres respuestas diferentes ante las autoridades humanas. Todos ellos obedeciendo a Dios.

Y un punto más sobre el Padre Pío. Con demasiada frecuencia se hace un mal uso de su obediencia para justificar precisamente la instrumentalización de la obediencia de la que habló el obispo Strickland. Sí, el Padre Pío aceptó las acciones injustas contra él, pero no se le obligaba a abrazar la herejía, a rechazar mandatos divinos que uno sabe en conciencia que debe obedecer, ni a someterse a usurpadores. Si hubiera sido de otro modo, creemos que podemos estar seguros de que el Padre Pío habría retenido su obediencia.

De todo ello, podemos destacar cuatro principios clave:

  1. Debemos obedecer siempre a Dios.

  2. Debemos obedecer a las autoridades humanas legítimas dentro de los límites apropiados.

  3. Si las autoridades actúan contra las leyes de Dios o no son autoridades legítimas sino usurpadores, puede que tengamos que retenerles la obediencia precisamente para obedecer a Dios.

  4. Las leyes superiores —por encima de todo, la salvación de las almas— deben prevalecer sobre las leyes inferiores, especialmente en tiempos de emergencia o crisis.

Nuestra situación:

Nos esforzamos por emular a estos santos en su fidelidad a Dios. En nuestras circunstancias, creemos que, como sucedió con Atanasio y Juana de Arco, obedecer a Dios exige a veces no prestar obediencia a las autoridades humanas y, con mayor razón aún, a los usurpadores. Como dice el obispo Strickland:

La obediencia es santa. Pero la obediencia nunca ha significado cooperar en la erosión de la Fe. Llega un momento en que seguir esperando se convierte en una forma de rendición. Ese momento ha llegado.[46]

 

5. De cara al futuro

Ante todo lo que hemos expuesto, ¿qué significa esto, de cara al futuro, para la Misión de la Divina Misericordia y para vosotros, nuestros amigos?

El discernimiento de MDM

Ante todo, sabemos que obedecer a Dios debe ser nuestra estrella polar para orientar nuestras acciones. Creemos que, en esta crisis de nuestra Santa Madre Iglesia, Dios pide al padre John Mary y a MDM que continúen nuestro ministerio. Así lo haremos, con Su gracia. Creemos que este es precisamente el tiempo para el cual Dios, en Su providencia, ha estado preparando a MDM, y que nuestra misión es hoy más importante que nunca.

Vuestro discernimiento

Pero quizá os preguntéis: ¿qué es lo correcto que debéis hacer?

Comprendemos cuán difíciles y confusos pueden ser estos asuntos para los católicos que verdaderamente buscan ser fieles. Como hemos dicho con frecuencia, no pretendemos ser expertos en derecho canónico ni en teología. Nuestras observaciones a continuación proceden, en su mayor parte, no de una erudición especializada, sino de más de treinta años de aprendizaje práctico en la búsqueda de la voluntad de Dios y el discernimiento de Sus mensajes proféticos. Y proceden de nuestra fe en Jesucristo: de nuestra confianza en que Él no dejará de guiar a quienes buscan sinceramente seguir Su voluntad, ni de ser misericordioso con ellos cuando tropiezan al intentarlo. Consideremos cómo, durante el gran Cisma de Occidente del siglo XIV, muchos católicos sinceros e incluso santos se dividieron acerca de quién era el verdadero papa. Catalina de Siena reconoció al verdadero papa, pero Vicente Ferrer, durante un tiempo, reconoció en cambio a un antipapa. Sin embargo, ambos figuran hoy entre los santos.

Por tanto, en este tiempo difícil, pedid a Dios con corazón sincero y humilde que os ayude a discernir Su voluntad para vosotros. Y confiad en Su misericordia.

¿Excomulgados?

Muchos quizá se pregunten si seréis declarados excomulgados por asistir a Misa en la Misión. Nuestras consultas canónicas indican que es poco probable que alguien sea formalmente declarado excomulgado. Normalmente, ello requiere una investigación formal y el debido proceso.

Pero, aunque una declaración jurídica efectiva de excomunión por asociación con MDM sea improbable para los laicos, la amenaza de excomunión como factor de intimidación, así como las consecuencias prácticas y sociales, serán muy reales. Estas podrían adoptar muchas formas, entre ellas la exclusión de funciones, grupos y ministerios en las parroquias.

¿Cismáticos?

Luego está la grave cuestión de si seríais cismáticos o pecaríais por asistir a Misa en la Misión.

Creemos que la respuesta es no. No si nuestros Mensajes son verdaderos. No si la Iglesia se encuentra en una grave crisis. Estaríais respondiendo a la llamada de Dios a permanecer junto a Su Iglesia en su Pasión y a uniros a la batalla espiritual de la Reconquista.

Tomar decisiones en tiempos de incertidumbre y confusión

Pero quizá preguntéis: ¿Cómo puedo estar seguro?

Esta es una pregunta difícil para los católicos de hoy. Pero no solo en relación con los Mensajes que compartimos. Uno de los signos más evidentes de nuestro tiempo es la confusión dentro de la propia Iglesia: en las últimas décadas se han puesto en tela de juicio tantas verdades, incluso por parte del propio Vaticano. Esa es la fuente más profunda de la incertidumbre actual.

Sin embargo, las voces proféticas entrañan siempre cierta incertidumbre y discernimiento. A lo largo de la historia, las personas han tenido que tomar con frecuencia una decisión respecto al testimonio de un profeta sin la comodidad de esperar años hasta obtener un veredicto oficial. Los profetas llaman a las personas a despertar y a comprometerse. Lo vemos en el Antiguo Testamento. Lo vemos en el Evangelio, donde Nuestro Señor mismo fue denunciado por las autoridades religiosas, y aun así Sus ovejas conocieron Su voz y lo siguieron. En tiempos críticos, a menudo debemos hacer lo mejor que podamos en medio de la incertidumbre, sin dejar que esta nos paralice. Debemos discernir la voluntad de Dios lo mejor posible y actuar. Recordad a san José, que se levantó inmediatamente durante la noche y llevó a su familia a Egipto guiado por un sueño.

Nuestra Santísima Madre dio estas palabras consoladoras acerca del discernimiento en uno de Sus Mensajes a la hermana Amapola:

Hijos Míos, si el Padre envía Su Don, Su Acción, ¿no enviará también Su Luz para que sepáis que es Él Quien actúa?

Si estáis unidos a Él por la Gracia, por vuestra Fe y humildad, si conocéis Su Voz, Su Corazón, ¿no reconoceréis Su Voz y Su Acción? (Hijos Míos, silencio ante Dios)

Así pues, aunque la confusión es una parte real de esta prueba, podemos tener la certeza de que Dios es misericordioso y guiará fielmente a quienes lo busquen con sinceridad.

Dios nos ha dado asimismo los medios ordinarios de discernimiento, tales como el Depósito de la Fe, la oración, los sacramentos, la intercesión de los ángeles y los santos, la dirección espiritual y, muy especialmente, una conciencia bien formada unida a la virtud de la prudencia, que aplica principios morales inmutables —incluidos el deber de obedecer siempre a Dios y el hecho de que la salvación de las almas es la ley suprema de la Iglesia— a nuestras circunstancias particulares en la búsqueda del bien.[47]

Todos estos recursos pueden ayudarnos a discernir la voluntad de Dios.

Al mismo tiempo, conviene recordar que, como vimos con santa Catalina de Siena y san Vicente Ferrer, personas sinceras pueden llegar de buena fe a conclusiones distintas sin perder la bendición de Dios.

Hemos llegado a creer, después de largos períodos de oración y discernimiento, que los Mensajes que recibe la hermana Amapola proceden de Dios y que Él nos llama a defender Su Iglesia. Pero sabemos que no está en nuestro poder transmitir sencillamente nuestras convicciones a vosotros. Solo Dios puede mostraros Su voluntad. Y confiamos en que lo hará, si pedís y discernís sinceramente.

La arquidiócesis verá sin duda las cosas de otro modo y podría, como se ha señalado anteriormente, procurar imponer alguna forma de consecuencias.

Por último, citemos una vez más al obispo Strickland, para ofrecer una perspectiva útil sobre vuestro discernimiento.

La crisis en la Iglesia no se resolverá esperando el documento adecuado, el comité adecuado o el momento adecuado. La historia nunca se ha salvado de ese modo. La fe siempre ha sido defendida por hombres y mujeres que se mantuvieron firmes cuando hacerlo les costaba algo….

Por tanto, sed quienes se mantienen firmes. Permaneced junto a la Madre. Permaneced ante la Eucaristía. Y permaneced firmes, incluso si permanecéis solos.[48]

Reflexiones finales, consuelo y agradecimiento

Deseamos detenernos un momento para abordar la dolorosa confusión y división que muchos católicos de buen corazón están experimentando actualmente en su parroquia, entre sus amigos e incluso dentro de sus familias. Nosotros, en la Misión, hemos experimentado este dolor de primera mano. Algunos de vosotros estáis profundamente de acuerdo con nosotros. Otros discrepan profundamente.

Los trece años pasados bajo Francisco, y ahora León, han sido especialmente difíciles para muchos católicos fieles que siguen preguntándose: ¿cómo puede un verdadero Papa decir y hacer tales cosas? Y, por otra parte, los Mensajes que creemos que Dios nos ha pedido compartir también son considerados por algunos como divisivos y desobedientes, como ocurre tan a menudo con la profecía.

Creemos que el dolor de estas divisiones forma parte de la Pasión que experimenta la Iglesia. Entonces, ¿cómo hemos de vivir estas tensiones? Con paciencia. Con humildad. Y, sobre todo, con caridad.  Confiamos en que, si lo hacemos, el Espíritu Santo nos unirá en una unidad aún más profunda —en Su Misericordia y Amor— cuando haya terminado este tiempo de oscuridad y división. Una unidad en la Iglesia de Dios renovada: Una, Santa, Católica y Apostólica.

A quienes nos aman pero se sienten heridos y confundidos por nuestras acciones, y a quienes están inquietos por nosotros y por las consecuencias que podamos afrontar, os agradecemos todas vuestras oraciones, sacrificios, apoyo y preocupación. Y sabed que, tanto si vuestro discernimiento os conduce a nuestras conclusiones como a otras distintas, permanecéis en nuestras oraciones.

Y, por favor, seguid rezando por nosotros. Pedid que, si estamos equivocados, lo reconozcamos humildemente y que, si estamos en lo cierto, podamos continuar fielmente.

Repetimos lo que Dios nos recuerda con tanta frecuencia: no temáis. Estad en paz. Tened Fe en Él.

Os amo. Os he reunido en Mi Corazón para que, Conmigo, participéis y cooperéis en la restauración de todo lo creado. Permaneced, pues, CONMIGO, esperando Mi Acción… sabiendo que TODO está en Mis manos, sin miedo ni ansiedad, con la seguridad de que sois MÍOS. (Velad; permaneced Conmigo)

Él nos conducirá a través de esta hora oscura hacia Su luz.

Refugiémonos en el Corazón Inmaculado de nuestra Santísima Madre.

Jesús, confiamos en Ti. Ven, Señor Jesús.

 


 

[1] Véase la secc. 3: «Cisma y excomunión».

[2] El documento vaticano publicado en 2023 que autoriza bendiciones para relaciones entre personas del mismo sexo y otras uniones irregulares, objetivamente pecaminosas.

[3] Aunque creemos que «Jorge Bergoglio» y «Robert Prevost» son las maneras más exactas de referirse, respectivamente, a los anteriores y actuales ocupantes de la Cátedra de Pedro, dada lo que el Señor ha dicho en los Mensajes de la Reconquista acerca de que son usurpadores; no obstante, por razones de sencillez y familiaridad, nos referiremos generalmente a ellos como «Francisco» y «León», respectivamente, a lo largo de esta declaración.

[4] Aunque la sentencia de cisma y la pena de excomunión se dirigen formalmente solo al padre John Mary, tienen claras implicaciones para nuestra Comunidad, razón por la cual hablamos con frecuencia de la situación en primera persona del plural.

[5] «[E]n todos los tiempos no han faltado personas que poseen el espíritu de profecía, no para declarar una nueva doctrina de fe, sino para la dirección de los actos humanos». Tomás de Aquino, Summa Theologiae, II-II, q. 174, a. 6.

[6] https://pillarsoffaith.net/ .

[7] Obispo Joseph E. Strickland, Una Iglesia sin su Madre.

[8] Se refiere al sello del Bautismo.

[9] Véanse, por ejemplo, las apariciones de Nuestra Señora del Buen Suceso y de La Salette, así como Akita.

[10] Aquí pueden encontrarse antecedentes sobre Nuestra Señora de Akita y los Mensajes completos: Nuestra Señora de Akita.

[11] Para el Padre Pío, las profecías de desastres naturales y provocados por el hombre aparentemente palidecían en comparación con esta terrible verdad. «Nada de eso le importaba», dijo el padre Amorth, «por aterradoras que resultaran, salvo la gran apostasía dentro de la Iglesia. Esta era la cuestión que verdaderamente lo atormentaba y por la cual oraba y ofrecía gran parte de su sufrimiento, crucificado por amor». El padre Amorth relató su conversación con el Padre Pío al periodista español José María Zavala, quien la recogió en su libro El secreto major guardado de Fátima: Una investigación 100 años después, (Ediciones Martínez Roca, 2017).

[12] Cardenal Karol Wojtyla (Juan Pablo II), reproducido en la edición del 9 de noviembre de 1978 del Wall Street Journal, a partir de un discurso de 1976 ante los obispos estadounidenses.

[13] Strickland, La Pasión conduce a la Resurrección.

[14] Para ejemplos de un amplio abanico de católicos —clérigos, religiosos y laicos— que expresan profunda preocupación por el estado de la Iglesia desde que Francisco llegó al poder, véanse los Recursos sobre la crisis de MDM.

[15] En su libro Saints vs Antipopes, el Dr. Edmund Mazza examina, entre otras cuestiones, la enseñanza de la Iglesia sobre la posibilidad de que los papas cometan herejía. Observa que la Iglesia ha enseñado generalmente que ningún verdadero papa podría proclamar formalmente una herejía. Aunque existe cierto debate sobre lo que esto significa exactamente —por ejemplo, el obispo Athanasius Schneider parece haber sostenido que un papa, sin errar en su magisterio extraordinario, podría hacerlo en su magisterio ordinario—, el consenso abrumador entre los teólogos a lo largo de los siglos es que, incluso en su magisterio ordinario, un verdadero papa está protegido de enseñar formalmente una herejía o, como mínimo, cualquier error que pusiera en peligro la salvación de las almas. Desde esta perspectiva, se suscitarían graves dudas sobre la validez de un pretendiente al papado que profesara pública y persistentemente opiniones heréticas. Saints vs Antipopes: Evil in the Church of Rome Convicted & Evicted (autoeditado, 2026), véase especialmente el cap. 3, «La promesa de Cristo: la fe infalible de Pedro».

[16] Strickland, Obediencia y autoridad (énfasis añadido).

[17] Memorándum del cardenal Pell.

[18]  «Hay que remontarse a la controversia arriana para encontrar algo comparable. Pero creo que, en cuanto al daño que ahora podría causar, a lo que podría sucederle a la Iglesia en el futuro, esto va a ocasionar más problemas que cualquier otra cosa que hayamos visto antes». https://edwardpentin.co.uk/professor-rist-the-catholic-church-could-be-facing-a-crisis-worse-than-the-arian-controversy-of-the-4th-century/ .

[19] Strickland, Carta abierta a la USCCB.

[20] Ibíd.

[21] Strickland, El espejismo de la misericordia.

[22] Strickland, Una rosa con cualquier otro nombre.

[23] Ibíd.

[24] Mazza ofrece una perspectiva histórica sobre cómo la Iglesia ha perseverado en medio de perturbaciones en el papado, señalando, por ejemplo, que hubo períodos en los que la Iglesia estuvo sin papa durante largo tiempo, incluso una vez durante casi tres años después de la muerte de Clemente IV; que la Iglesia soportó durante ocho años en Roma el reinado de un antipapa, Anacleto II, mientras el verdadero papa, Inocencio II, debía huir hacia el norte en busca de apoyo; y que durante el período del Cisma de Occidente incluso algunos santos discrepaban sobre quién era el verdadero papa y quién un antipapa. El propósito no es ciertamente trivializar la importancia del papado, sino, por el contrario, demostrar cómo, incluso cuando esta institución decisiva de la Iglesia ha padecido perturbación y confusión, Dios ha seguido protegiendo a Su Iglesia. Y por grave que pueda ser tal perturbación en el futuro, Dios continuará protegiendo a Su Iglesia. Saints Vs. Antipopes, 16-19, 26-31. Véase también la entrevista de Mazza con John-Henry Westen, de Lifesite News, Saints Vs. Antipopes.

[25] Strickland, La Pasión conduce a la Resurrección.

[26] El derecho canónico define el cisma como «la sustracción de la sujeción al Sumo Pontífice [es decir, al Papa] o de la comunión con los miembros de la Iglesia sometidos a él» (CIC c. 751; véase también CCC 2089).

[27] Con frecuencia se confunde el cisma con la herejía y la apostasía. La herejía es «la negación pertinaz, después del bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz sobre la misma» (CIC c. 751). De ello fue culpable Martín Lutero, por ejemplo, al negar la institución del papado, el papel del libre albedrío en la salvación, el sacramento de la penitencia y muchas otras verdades. O de ello son culpables hoy muchos católicos, por ejemplo, al negar consciente y deliberadamente las enseñanzas de la Iglesia sobre el matrimonio y la sexualidad. La apostasía es «el rechazo total de la fe cristiana» (CIC c. 751). Un apóstata es quien abandona el cristianismo por otra religión o quizá por el ateísmo.

[28] ¿Podríamos estar equivocados en nuestro discernimiento acerca de los Mensajes? Desde luego, es una posibilidad. Y, si reconociéramos que estamos en el error, lo admitiríamos sin demora, porque hallarnos en nuestra actual posición es muy duro. Solo podemos reiterar —y no entraremos en todos los elementos de nuestro discernimiento, que hemos abordado en otras ocasiones— que un discernimiento atento y orante durante varios años nos convenció de que los Mensajes eran auténticos, de tal manera que no podíamos negarlos sin creer que negábamos a Nuestro Señor.  En buena conciencia, no podíamos obrar de otro modo.

[29] El cardenal Cayetano, gran comentarista de la enseñanza de santo Tomás de Aquino, se cuenta entre quienes sostienen esta opinión, explicando que tal persona no comete el delito de cisma «siempre que esté dispuesta a aceptar al papa si dejara de ser tenido por sospechoso», es decir, dudoso. (Véase Cayetano, Commentarium, 1540, II-II, 39, 1.)

La opinión del cardenal Cayetano toma en serio que los católicos sinceros pueden tener dudas graves y legítimas acerca de un pretendiente papal, como sucede con un antipapa, pero reconoce también el deber de los buenos católicos de obedecer cuando dichas dudas se disipan.

[30] De nuevo, para hacerse una idea de los numerosos católicos reflexivos —clérigos, religiosos y laicos— que han expresado profunda preocupación por las acciones de Francisco y León, véanse los Recursos sobre la crisis de MDM.

Resulta interesante que el padre no sea el único que afronta hoy acusaciones de cisma. Durante al menos los últimos cien años, esta ha sido una acusación muy infrecuente en la Iglesia. Pero en los últimos diez años ha habido un aumento espectacular de los casos de sacerdotes acusados de cisma. Quizá sea un reflejo de la profunda confusión y herida que experimenta actualmente nuestra Iglesia.

[31] Canon 290: «Una vez recibida válidamente, la ordenación sagrada nunca se hace inválida».

[32] Canon 292: «El clérigo que pierde el estado clerical… tiene prohibido ejercer la potestad de orden… [y] queda privado de todos los oficios, funciones y cualquier potestad delegada».

[33] La validez de las confesiones es una cuestión más compleja, a la que esperamos volver en un futuro próximo. Durante este proceso canónico, el padre no ha oído confesiones.

[34] Strickland, La línea en la arena.

[35] Strickland, Un mensaje urgente. He aquí un extracto más extenso:

La Iglesia que amo está siendo desmantelada, no por sus enemigos exteriores, sino por quienes están dentro de sus muros y cambian el Evangelio de Jesucristo por la aprobación del mundo.… Las ovejas están dispersas. Los lobos llevan mitras. Guardar silencio es participar en el pecado.… Cristo no nos pide diplomacia: nos pide fidelidad. Ya no podemos fingir que estas traiciones son meros malentendidos. El mundo puede llamar a esto desafío; el Cielo lo llama verdad. «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hechos 5:29). (Un mensaje urgente).

[36] Taylor explica por qué estos documentos son tan graves:

En los últimos diez años, el Romano Pontífice, maestro infalible y guardián de la Fe Apostólica, ha

  • emitido un documento magisterial (Amoris Laetitia) que permite a personas en estado de pecado mortal recibir conscientemente la Comunión, en contradicción con las claras palabras de Jesucristo en la Escritura,

  • emitido la declaración de Abu Dabi que afirma que Dios ha querido positivamente la diversidad de religiones en el mundo, y

  • emitido un documento (Fiducia Supplicans) que permite bendiciones «espontáneas», aunque supuestamente no litúrgicas, de parejas homosexuales.

Y estos son solo los ejemplos más flagrantes. Cada uno de estos documentos tiene carácter magisterial, y el Vaticano aún no los ha revisado ni corregido. Fueron emitidos por la más alta autoridad de la Iglesia y son ahora la enseñanza oficial de la Iglesia romana una, santa, católica y apostólica. Estos documentos contradicen abiertamente una enseñanza católica que no es meramente antigua, sino que está contenida en la Revelación Divina —Escritura y/o Tradición—. Aún más increíblemente, el hombre encargado de disciplinar a la Sociedad de San Pío X, el cardenal Fernández, fue, según todos los indicios, el redactor fantasma del primero de ellos y autor principal del tercero. (Esperando un estado de emergencia).

[37] La verdadera obediencia. También animamos a leer la propia declaración de MDM sobre la obediencia, Debemos obedecer a Dios. Tanto el Mensaje como la declaración os darán una comprensión más plena de lo que creemos que el Señor nos pide.

[38] Véase Summa Theologiae II-II, 104, 4-5:

Por el contrario, está escrito (Éxodo 24:7): «Todo cuanto ha dicho el Señor haremos, y obedeceremos».

Del mismo modo, hay dos razones por las cuales un súbdito puede no estar obligado a obedecer a su superior en todas las cosas. La primera, a causa del mandato de una potestad superior. Pues, como dice una glosa sobre Romanos 13:2, «Quienes resisten [Vulgata: ‘El que resiste’] a la potestad, resisten la ordenación de Dios» (cf. san Agustín, De Verb. Dom. viii). «Si un comisionado dicta una orden, ¿debes cumplirla si es contraria al mandato del procónsul? Asimismo, si el procónsul manda una cosa y el emperador otra, ¿vacilarás en desatender al primero y servir al segundo? Por tanto, si el emperador manda una cosa y Dios otra, debes desatender al primero y obedecer a Dios». En segundo lugar, un súbdito no está obligado a obedecer a su superior si este le ordena hacer algo en lo cual no está sometido a él.

El hombre está sometido a Dios simplemente respecto de todas las cosas, tanto internas como externas, por lo cual está obligado a obedecerle en todo. Por otra parte, los inferiores no están sometidos a sus superiores en todas las cosas, sino solo en ciertas cosas y de un modo particular, respecto de las cuales el superior se interpone entre Dios y sus súbditos, mientras que, respecto de otros asuntos, el súbdito está inmediatamente bajo Dios, por Quien es enseñado mediante la ley natural o la ley escrita.

[39] Strickland, Obediencia y autoridad.

[40] En el Código de Derecho Canónico, el canon 1752, el último canon, declara que «la salvación de las almas, que debe ser siempre la ley suprema en la Iglesia, debe tenerse ante los ojos». En otras palabras, todas las demás leyes de la Iglesia deben observarse y aplicarse de conformidad con esta ley suprema de salvar las almas. En emergencias y otras circunstancias especiales, este principio puede exigir que no se siga la aplicación habitual de una ley si entrara en conflicto con la salvación de las almas. Del mismo modo que, análogamente, podría ser necesario exceder el límite de velocidad por el bien mayor de salvar una vida.

[41] Strickland, Obediencia y autoridad.

[42] Ibíd.

[43] Ibíd.

[44] Atanasio, Carta 29, fragmento 7 (NPNF² vol. 4). San Basilio ofrece descripciones vívidas de las condiciones padecidas por los fieles durante la crisis arriana, según las relata Michael Davies en su obra Saint Athanasius: Defender of the Faith:

San Basilio dice, hacia el año 372: «Las personas religiosas guardan silencio, pero toda lengua blasfema queda suelta. Las cosas sagradas son profanadas; los laicos sanos en su fe evitan los lugares de culto como escuelas de impiedad y alzan sus manos en soledades, con gemidos y lágrimas al Señor en el cielo». Ep. 92. Cuatro años después escribe: «Las cosas han llegado a tal extremo: el pueblo ha abandonado sus casas de oración y se reúne en desiertos, espectáculo digno de lástima; mujeres y niños, ancianos y hombres enfermos, miserablemente expuestos al aire libre, en medio de las más copiosas lluvias, tempestades de nieve, vientos y heladas del invierno; y de nuevo en verano bajo un sol abrasador. A ello se someten porque no quieren tener parte en la malvada levadura arriana». Ep. 242. Davies, Michael. Saint Athanasius: Defender of the Faith (edición Kindle).

[45] «En el caso de que la Iglesia deseara que ella obrase de otro modo contra el mandato de Nuestro Señor, no obedecería por nada. Preguntada si se sometería a la Iglesia si la Iglesia Militante dijera que sus revelaciones eran falsas y diabólicas, supersticiosas y malas, respondió que se sometería a Nuestro Señor, cuyo mandato cumplirá siempre, pues sabe que los acontecimientos descritos en el proceso fueron realizados por mandato Suyo; le sería imposible hacer otra cosa que lo que declara haber hecho por mandato de Dios. Si la Iglesia Militante le dijera que obrase de otro modo, no se sometería a nadie sino a Nuestro Señor, cuyo buen mandato siempre cumplió». El proceso de Juana de Arco, trad. W. P. Barrett, 233.   

[46] Strickland, La línea en la arena.

[47] Véase el Catecismo, 1776-1802, para una buena exposición sobre la debida formación y el ejercicio de la conciencia, así como el 1806 para una exposición sobre la importancia de la prudencia como una de las virtudes cardinales.

[48] Strickland, Una Iglesia sin su Madre.

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