Si es cierto, no puedo esperar a ver cómo Trad Inc. y los conservadores van a salir de esta. Seguramente Marshall estará «decepcionado con el Santo Padre», el cardenal Burke titubeará, mientras que Lambert estará muy «perplejo».

Nosotros, por supuesto, simplemente tendremos una vez más la confirmación de que la Iglesia Sinodal es en efecto el Trono de Satanás.

Un breve pero sumamente significativo informe publicado por Messa in Latino afirmaba: «¡INCREÍBLE! Hemos sabido por fuentes persistentes y sumamente autorizadas que el proceso penal en curso en el Vaticano contra el padre Marko Ivan Rupnik ha concluido a su favor.»

Si este informe resulta exacto, representará uno de los golpes más graves hasta la fecha a la credibilidad de las reiteradas garantías de la Santa Sede profana acerca de su «tolerancia cero» frente al abuso sexual de adultos vulnerables y de personas bajo autoridad espiritual.

Las implicaciones se extienden mucho más allá del destino de un solo sacerdote, y afectan a la integridad del sistema disciplinario de la Iglesia, a la confianza de los fieles, y a la profunda contradicción entre el tramiento que el Vaticano dispensa a ciertos delincuentes y el que reserva a los católicos cuyo principal «delito» ha sido una adhesión inquebrantable a la Tradición.

Marko Ivan Rupnik no es un clérigo ordinario. Sacerdote jesuita esloveno y artista de renombre internacional, se convirtió en una de las figuras eclesiásticas más influyentes de las últimas décadas gracias a sus característicos mosaicos, que ornamentan iglesias, santuarios y edificios vaticanos por todo el mundo. Su prestigio artístico le abrió las puertas de los más altos círculos de la Iglesia, mientras que las acusaciones sobre su conducta se acumulaban a lo largo de muchos años.

Las acusaciones contra Rupnik fueron excepcionalmente graves. Antiguas religiosas lo acusaron de manipulación psicológica, abuso espiritual y explotación sexual cometidos bajo la apariencia de teología mística y dirección espiritual.

Los testimonios presentados por numerosas mujeres mostraban similitudes sorprendentes, lo que sugiere no ya malentendidos aislados, sino un patrón reiterado de abuso supuestamente cometido contra personas que se habían confiado a él como hijas espirituales.

Las revelaciones públicas en torno al caso sacaron a la luz una extraordinaria serie de fallos administrativos. Se supo que Rupnik había incurrido en excomunión tras absolver en confesión a una mujer con la que había mantenido actos sexuales, uno de los delitos canónicos más graves reservados a la Santa Sede.

Sin embargo, dicha excomunión fue supuestamente levantada en un plazo excepcionalmente breve. A pesar de las acusaciones cada vez más numerosas, sus encargos artísticos continuaron, y su prominencia dentro de los círculos vaticanos pareció permanecer prácticamente intacta durante años.

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Solo después de un intenso escrutinio internacional comenzaron procesos canónicos sustantivos. Aun así, muchos observadores se preguntaron si alguna vez se tomarían medidas decisivas. Las indicaciones iniciales sugerían que la prescripción impediría el enjuiciamiento. Dichas limitaciones fueron eventualmente levantadas por el papa Francisco, creando la apariencia de que por fin se perseguiría la justicia sin tener en cuenta el estatus ni la influencia.

Si Messa in Latino ha recibido información fidedigna de que el tribunal vaticano ha fallado ahora a favor de Rupnik, la conclusión inevitable para muchos católicos será que la tan proclamada política de «tolerancia cero» se ha convertido en poco más que un eslogan.

La Iglesia ha asegurado reiteradamente a los fieles que ninguna persona está por encima de la ley, con independencia de su rango o reputación. Si uno de los casos de abuso más notorios y publicitados a nivel internacional concluye sin condena tras años de inquietantes acusaciones formuladas por múltiples denunciantes, muchos católicos se preguntarán razonablemente qué significado práctico queda en tales garantías. Por no hablar de la cruel injusticia hacia las víctimas.

Hay otra dimensión igualmente indignante en esta historia.

Recientemente la Fraternidad Sacerdotal San Pío X fue declarada cismática y excomulgada, junto con sus fieles que «adhieren formalmente» a la Fraternidad. Cualquiera que sea la valoración canónica de aquellos acontecimientos, e independientemente de la opinión que cada uno tenga sobre la Fraternidad en general, nunca se ha sugerido que el clero de la Fraternidad hubiera sido castigado por delitos que conllevaran depravación moral.

Más bien se les castiga por preservar el sacerdocio tradicional, la liturgia tradicional y la fe católica tradicional durante un período de crisis sin precedentes.

No hace falta ignorar las complejidades canónicas que rodean a la Fraternidad para advertir el extraordinario contraste. Hombres dedicados a celebrar el Rito Romano tradicional y a transmitir la enseñanza perenne de la Iglesia son tratados con una severidad despiadada, mientras que uno de los artistas más célebres de la Iglesia, acusado por numerosas mujeres de graves abusos espirituales y sexuales, parece, si se confirman estos informes, haber salido indemne del proceso judicial vaticano.

Conviene subrayar que toda persona acusada goza del derecho a un debido proceso y a la presunción de inocencia. Una absolución judicial, si se confirma, no puede ser simplemente desestimada por defraudar las expectativas públicas.

No obstante, las cuestiones institucionales más amplias permanecen. ¿Por qué tardaron tantos años en llegar el caso a este estadio? ¿Por qué las medidas disciplinarias anteriores fueron aparentemente tan limitadas? ¿Por qué un individuo rodeado de acusaciones tan graves continuó gozando de prestigio e influencia durante tanto tiempo?

Para muchos católicos fieles, el asunto Rupnik se ha convertido ya en símbolo del estado más amplio de la reprensible Abominación Sinodal. Representa a una jerarquía más dispuesta a marginar a los defensores de la Tradición que a actuar con decisión contra los influyentes de dentro.

Si el informe sobre Rupnik es cierto, significará que la fidelidad a la Tradición católica es un delito peor a los ojos de la satánica Iglesia Sinodal, que la serie de crímenes atroces que Rupnik supuestamente cometió, la mayoría de una naturaleza sexual y espiritual extremadamente grave.

Nota: Esta historia se basa exclusivamente en el informe de Messa in Latino y se trata de un caso en desarrollo.