Un sacerdote alemán jubilado, el P. Winfried Abel, se vio en dificultades por hablar con la verdad y actuar como sacerdote católico.
Abel, sacerdote octogenario de 87 años de la Diócesis Sinodal Alemana de Fulda, se ha visto en problemas después de condenar públicamente las celebraciones anuales del «Día de la calle Christopher» (desfiles del Orgullo) en Alemania y afirmar que los cristianos deberían ver el reciente atentado terrorista islamista del 25 de julio en el Orgullo de Berlín como un llamado a la conversión.
En el evento en cuestión, un atacante arremetió con un vehículo contra los participantes antes de proseguir presuntamente con un arma blanca. Tristemente, una mujer perdió la vida y otras muchas resultaron heridas. Las autoridades alemanas describieron el ataque como de motivación islamista.
El P. Abel escribió una carta al Fuldaer Zeitung antes de la temporada del Orgullo en Alemania, describiendo los hechos como manifestaciones de una sociedad que ha abandonado la moral cristiana y refiriéndose acertadamente a los desfiles como muestras de indecencia y desorden moral.
El P. Abel condenó explícitamente el brutal ataque, pero señaló que los católicos no deben negar su dimensión espiritual. En su carta, argumentó que los fieles deberían considerarlo un toque de atención, tachándolo de «señal desde el cielo» y de «llamado a la reflexión y la conversión». En otras palabras, incluso en su avanzada edad, este anciano de ochenta y siete años cumplía con su deber sacerdotal de hablar con verdad y caridad.
En la misiva, también —y con toda razón— expresó su preocupación por una civilización que, tras rechazar sus cimientos cristianos, enfrenta cada vez más las amenazas provenientes del creciente islam militante.
¿Quién censuró con dureza al pobre anciano P. Abel? ¿Antifa? ¿Un grupo LGBTQ radical? ¿El gobierno liberal?
No. Fue la llamada jerarquía «católica».
Sí, queridos, mientras siguen tachando a quienes señalan que el emperador va desnudo —o, más exactamente, que la Iglesia sinodal no es la Iglesia Católica—, pretenden hacernos creer que unos falsos prelados que defienden la agenda sodomítica son verdaderos pastores católicos.
Los enemigos de Cristo de manos flojas que componen la Diócesis Sinodal de Fulda reaccionaron casi al instante con un comunicado público en el que rechazaban las palabras del P. Abel.
Los responsables diocesanos insistieron en que las opiniones del sacerdote jubilado «no reflejan la posición de la diócesis ni de sus dirigentes» y reiteraron que el Día de la calle Christopher busca promover la dignidad de cada persona y oponerse a la violencia y la exclusión. Quien soporte mirar un desfile del Orgullo durante más de diez segundos sabrá que dista mucho de ser digno: no solo burla la decencia moral con su perversión, sino al mismo Dios Altísimo.
La jerarquía homo-clerical diocesana —que, claro está, no cree en el Dios Uno y Trino— también rechazó rotundamente que el atentado terrorista de Berlín debiera interpretarse como un acto de juicio o intervención divina.
No es la primera vez que este acto de valentía del octogenario sale a la luz, pues desde hace años choca con la llamada «Iglesia» alemana por su participación abierta en actos que celebran el pecado que clama al cielo.
Desde hace varios años, ha objetado la implicación diocesana en celebraciones del Orgullo, pues considera que tal participación supone un abandono de la enseñanza moral católica perenne. En declaraciones anteriores, describió los desfiles como prueba de una sociedad que ha perdido el sentido de la modestia y el orden moral objetivo. En 2025, también cortó públicamente sus lazos con su diócesis en protesta por su adhesión a Fiducia supplicans.
Mientras tanto, empecinados en su pecado, varios «obispos» alemanes aprovecharon la ocasión para reafirmar su apoyo a estos eventos.
El «obispo» Ludger Schepers, delegado de la Conferencia Episcopal Alemana para Asuntos LGBTQ+ (que Dios apiade sus almas), declaró que los ataques a la «diversidad» son ataques a la dignidad humana y exhortó a perseverar en el compromiso con las expresiones públicas de inclusión. Schepers, por supuesto, no le importa en absoluto Aquél que posee la única dignidad infinita ni los derechos de Su Iglesia.
El «arzobispo» Heiner Koch de Berlín, otro enemigo de Cristo, del catolicismo y de las almas perdidas, deploró lo que llamó «la destrucción de una celebración tan gozosa», mientras que el «arzobispo» Stefan Heße de Hamburgo blasfemó contra Cristo al afirmar que el Día de la calle Christopher es un recordatorio visible de que toda persona merece respeto y dignidad.
Cada día. Sin excepción. Con insistencia. Como hemos comprobado a lo largo del tiempo, estos no son casos aislados, sino la naturaleza misma de la falsa Iglesia que dice ser católica.
Seguid el consejo del Apóstol: Apartaos de ellos. Huíd de ellos. No os contaminéis con ellos. No negociéis con ellos. Resistidlos hasta la sangre y rezad por su salvación —y por la de los millones que están extraviando—.